La multa
El varapalo recibido en el Congreso por el Gobierno, no ha gustado al señor Rajoy. A pesar de las disculpas y las consiguientes cantinelas para desviar la mirada de la opinión pública, como si nadie se fuese a percatar de dicha derrota, no tardaron en salir a los medios para proceder a la práctica de aquello que dominan: amedrentar. Lo que sucede, con la falacia utilizada para meter miedo, es que los deja en evidencia. No solo en esta ocasión, sino en cualquier otra. Recordemos que, durante su etapa con mayoría absoluta, cuando pasaban como un huracán sobre el resto de las fuerzas políticas con representación parlamentaria, decidieron aparcar la exigencia comunitaria, sin percatarse de las consecuencias con la que ahora amenazan.
Al señor Rajoy, siempre lo ha puesto de manifiesto, ni las algaradas y ni las protestas le agradan. Sobre todo, cuando el colectivo al que habría de enfrentarse ha dado sobradas muestras de unidad. En otras palabras, no se le puede dividir con tanta facilidad, como sí acontece con otros; motivo suficiente para evitar activarlos. Tal circunstancia ha quedado patente con su evidente minoría y el retroceso de quienes les han venido prestando apoyo, de ahí su rotundo fracaso. Todo se materializó durante la convalidación del famoso Real Decreto de la estiba. Probó su propia medicina, su modus operandi hasta el presente, con la escasez de los apoyos. Da la impresión de no haberse percatado de las nuevas circunstancias.
Lo peor del caso, que se las veía tan felices con sus ayudas de cámara, incluso con episodios de vejación. De ahí que, una parte importante de los acuerdos adoptados, aquellos de los que hacían bandera sus apoyos para justificarse ante el electorado, comenzaron a retrasarse en el tiempo. En ese trance estaban cuando, quienes les apuntalaban con tales condicionantes, se percataron del ninguneo. No solo de ello, sino de la dificultad que entrañaba evidenciar sus logros ante su electorado. Más allá de esas cantinelas con escasa certeza en lo cotidiano, que les viene sirviendo para sacar pecho y darse algún tipo de importancia.
La situación por la que atraviesa el gobierno del PP en el Congreso es bastantes singular. Si durante la etapa que gobernaban en funciones, aduciendo tal circunstancia, desoyeron las exigencias del mismo. En esta ocasión, arrogándose la capacidad para llevar la iniciativa legislativa, se ampara en cuestiones presupuestarias para desatender las iniciativas del Parlamento, poder legislativo por antonomasia si nos atenemos a los preceptos constitucionales. De hecho, el propio servicio jurídico de la institución, mostró sus reticencias al uso abusivo de tal artimaña, utilizado par desatender las demandas del legislativo. Entre una y otra cosa se va ralentizando la actividad parlamentaria. Eso sí, con sobresaltos para quienes ahora se quedan en minoría, que se muestran molestos con el nuevo escenario y, como quien no quiere la cosa, llaman a la seriedad mientras amagan con la multa.
































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