
En el mundo de la hiperconectividad, dicen los expertos, estamos más solos que nunca.
Y, además, el miedo a la soledad ha devenido en una nueva y constante angustia existencial. Por eso no paramos de mirar la pantalla del móvil. Vivimos dos vidas paralelas y simultáneas: la real y la virtual. Este “miedo a estar solos”, dice Bárbara Celis, sirve para “alimentar relaciones que podemos controlar, las digitales”. Resulta evidente que la vida es más difícil y requiere mayor esfuerzo, porque al estar el otro delante vemos no solo miradas y gestos, sino palabras, tonos e intenciones. Como en las pantallas cosificamos a las personas, que están más alejadas y distantes, aumenta proporcionalmente la cobardía social: una nueva manera de afrontar “las diversas realidades”.
En fin, los tiempos de ahora.






























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