Corpus Barga, en su camino al exilio en 1939 con los hermanos Machado, escribió: “por los caminos se arrastraban millares de hombres, mujeres y niños con sus ajuares y sus animales domésticos, venidos de todas partes, algunos de lejos, en toda clase de automóviles o en carros, hasta en cañones tirados por tractores”. Esto lo dice Ian Gibson en “Ligero de equipaje, La vida de Antonio Machado” (editorial Aguilar, Madrid, 2006).
Y todo ello viene a cuento para recordarnos que seguimos en el mismo sitio: los refugiados no encuentran un lugar donde descansar y esbozar, al menos por un tiempo, algo que se parezca un poco a un proyecto de vida. Los refugiados caminan y caminan, y nuestro país, verdadero experto en migraciones y sufrimientos históricos, apenas ha acogido a unos cientos de emigrantes sirios.
Es la revolución conservadora la que nos va ganando la partida.































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