¿Comienzo, principio o finales de etapa?
Extraordinaria la velocidad que adquiere el AVE, pero más audaz aún es la ligereza en las manos de algunos representantes políticos, cargos públicos, funcionarios, técnicos, auxiliares y hasta algún peón al que le otorgaban en determinadas ocasiones licencia para tomarse unos días de vacaciones con los gastos pagados. La desorbitante avaricia, la indomable ansia por atrapar dinero ajeno se ha hecho famosa en todos los lugares de la geografía española en los que el tren de alta velocidad ha tenido repercusión. El ser humano parece estar concebido de un determinado gen malsano que le hace débil ante el color de los billetes, el de la posición relevante o el de los trajes regalados, el del sabor de la lata de anchoas proveniente de otros lares o el olor a fragancias de las mejores firmas, incluso esconderse tras la imagen de una figura importante del Estado; una debilidad que nos repercute directamente al bolsillo de quién nada ha tenido que ver con semejantes mafias de ilegalidad generosa y ahora sufren el castigo de una falta de recursos en las contabilidades de la administración pertinente, del erario ciudadano de alguna localidad cercana a las vías del AVE e incluso de más de un pobre campesino que ha visto sus tierras asaltadas por expropiaciones indecentes.
Es obvio que debemos alegrarnos de disponer de unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, altamente cualificados y profesionales, de unos jueces que se hartaron del liderazgo político y mandaron al carajo cualquier síntoma de meter las narices del Gobierno en los asuntos de los Tribunales e intentan alargar el ancho de la frontera que la independencia de los jueces debe mantener respecto al resto; menos mal que somos integrantes de una sociedad democrática que se precia de serlo, no como Venezuela que dice serlo y mantiene en la cárcel a quién le lleva la contraria por ideología política diferente a la del alumno de Chávez y menos mal que tampoco hemos querido en nuestra vida un periodismo comprado por el Gobierno y al que se saltase sus normas increparlo el Presidente, como ocurre en el gran EEUU con ese personaje extraño venido a maldecir la paz como es Donald Trump. Tenemos radicalismos sí, como en todos los lugares del mundo, ideologías contrarias que sin embargo no se enfrentan en la calle como hinchas ebrios capaces de matar por los colores de su indumentaria; para eso tenemos el Congreso, lugar donde se ponen sobre el atril disposiciones, acuerdos, pactos o desavenencias de aquellos a los que votamos para reasentarnos democráticamente. Por eso no podemos ser el megáfono del poderío americano, el vasallo de sus manejos y el sirviente fiel de sus antojos; la integridad del pueblo español y su dignidad no lo pueden permitir, España es más que un lugar en el mapa donde los EEUU mantienen bases militares, no por ello vamos a tener que aguantar la irrupción en la escena política internacional de un millonario excéntrico con indudables deseos de manejarlo todo según convenga a su posiciónenla Casa Blanca; Europa es más que un continente repleto de diferentes culturas, de lenguas distintas pero con el mismo idioma, el euro, la moneda que debe protegernos de las malas influencias de los mercados asiáticos o el devenir del estadounidense, no perdamos el norte o veremos truncadas nuestras expectativas de crecimiento en la Eurozona.
Pablo Manuel Iglesias a partir de ahora, tras su designación como único líder de Podemos, siempre se dará por aludido y mantiene una ligera desidia hacia el perdedor del Vista Alegre, Iñigo Errejón, sin duda tratara de ponerle a buen recaudo el próximo sábado, ni demasiado cerca para no interrumpir su endiosado caminar, ni demasiado lejos para intentar no perderle de vista ni un momento, por si acaso se le ocurre ponerse a las órdenes de la Sra. Díaz, posible ganadora de las primarias socialistas, o quizá del ex secretario General, mejor encuadrado en la posición de izquierda poco creíble pero muy dada a la confianza de los españoles. El PP por el contrario, mantiene su boca cerrada, sin decir nada que no sean la avalancha de piropos de su Congreso en la Caja Mágica, donde se dieron baños mutuos e insultos traperos en las esquinas, pero omitiendo cualquier atisbo o síntoma que pudiese escapárseles en alguna de sus declaraciones sobre los constantes casos de irrupción, de cárcel para sus colaboradores y de falta de disciplina política y ética moral de ex altos cargos esparcidos por toda la geografía española. Rajoy es impoluto, nada le mancha ni a nadie se le ocurre hacerlo, estaría cavando su fosa política el que lo hiciese si viene de sus filas o simplemente, despreciaría a cualquiera de otra formación que lo intentase por ninguneo de su poderosa institución organizada de antiguos camaleones de la derecha española aún en activo con una pequeña brizna de aire nuevo que deja colarse a propósito para mantener las formas y el liderazgo de su partido en busca de unas nuevas elecciones generales; la nueva camada política endulza sus oídos y atiende presurosa sus órdenes para no dejar ni una pizca de posibilidades desprotegidas sus alas o endeble su organización institucional o no, que más le da al Sr. Rajoy, todo lo carga a sus anchas espaldas y nada le priva de hacer de vez en cuando un guiño a la izquierda, el nacionalismo vasco o una promesa al viento de quién osa ponerse a su lado.
No sé, creo yo que lo de las pocas luces de futuro que apenas iluminan a la ciudadanía ha quedado sobrepasado por la de nuestra clase política, yo que pensaba había venido generado por la subida en el primer mes del año con Gobierno en minoría del recibo de la luz y este hecho provoca una ligera sensación de no llegar a visualizar como debiéramos las circunstancias que nos atañen y los problemas que nos aquejan, por poner una dispensa a la representación ciudadana claro, pues por más que intento digerir la exagerada escalada de la tarifa eléctrica y las escasas razones del Gobierno por solucionar los problemas que la ciudadanía advierte me inunda una sensación de indignación abrumadora.






























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