Más que posible estrategia yankee
Comienzan a cuadrar las cosas si nos ponemos a pensar detenidamente en las maniobras del capitalismo mundial; tras los años de bonanza, el ingreso en la UE y una malsana manera de vivir inadecuada a nuestras posibilidades, como dijo el Presidente Rajoy,, es permisivo apreciar la situación actual como una maniobra política producto del país más poderoso del mundo. EEUU supo manejar sus herramientas para hacernos creer en una divisa, el euro, con una fortaleza explosiva, capaz de dominar los mercados internacionales y hacer empequeñecer la divisa hegemónica de estos, el dólar americano; nos lanzamos a comprometer nuestros recursos en abastecer de dinero las arcas de los hogares y el Banco de España no supo o no quiso, o fue incapaz, de dar con el botón de la mesura apropiada y mantuvo a las Cajas con niveles exagerados de liquidez y productividad que resultó después ser meramente ilusoria, para pasar a ser un cebo en el que picamos con ignorancia evidente.
El gran monstruo yankee supo compaginar sus ingresos con su abultada deuda y manejar los tiempos para combatir las exigencias de su crecimiento global. Irrumpió con sus hombres en lugares estratégicos para asentarse con sus aviones y su potencial bélico, accedió al mercado asiático producto de una maniobra consabida y compró caro, devalúo a propósito su moneda para dotar de dinero a sus proveedores y una vez transcurrido un cierto tiempo, asumió su grandeza de nuevo y con ello, volvió a contrarrestar sus pérdidas con unos precios desorbitados a sus exportaciones internacionales a países con una moneda inferior o un poder económico nefasto. Europa no se ha salvado de tal estrategia, aún peor, sigue inmersa en una cruda realidad buscando la fortaleza que pueda hacerla competitiva en un futuro inmediato, maneja sin rumbo fijo un intento por estrechar alianzas, pactos entre los integrantes del organismo y confianza en aquellos que prefieren barajar sus posibilidades por su cuenta que hacerlo de común acuerdo con el conjunto de la Unión Europea.
Ahora, una vez transcurrido el periodo de letargo en el que la soberbia capitalista y las ansias imperialistas habían estado, el dólar renace de sus reservas sin pararse a pensar ni un momento en el daño que puede provocar su escalada. Debemos tratar de que la ayuda internacional a los países menos afortunados sea un sostén que dé posibilidades al Planeta, sociedades emergentes provistas de materias primas ecológicas que equilibren el maltrecho deterioro de un espacio que mañana puede hacernos falta par a sobrevivir. La cultura es nuestra mejor herramienta, los medios para llegar a entender diversas costumbres o posibilitar un trato adecuado a las otras civilizaciones, más allá de un simple reconocimiento arbitrario como un ecosistema alejado de nuestro entorno, es la base fundamental de progreso y avance en la lucha contra el cambio climático y de comenzar a usar como es debido los recursos naturales sin maltratar la especie humana más de lo que ya hacemos.
Para llegar a una solución aceptable y acertada todo empieza por aunar esfuerzos, por comprometerse a lidiar con la moneda emblemática estadounidense y aplicar nuestras normas como organismo europeo. Las atribuciones de las que se jacta el Presidente Donald Trump, inquiriendo a los países de la Eurozona a gastar millones en abastecer sus tropas son un toque de atención a nuestros valores europeístas y la dignidad del viejo continente se pone en riesgo. Especular bajo sospechosos tratados o pactos diseñados con anterioridad, el Brexit británico sin ir más lejos, es más que sospechoso; todo en política tiene una razón, lidera un por qué y aborda un cuánto, nada es gratuito por méritos propios y eso de quién más tenga, más debería de comprometerse con los menos afortunados no deja de ser la utopía eterna de una equidad social inexistente.
Tal vez España podría dar un leve ejemplo de valores, un regate a la soberbia del poderoso gobierno americano y un ejemplo a seguir por los demás miembros de la Eurozona; una maniobra a la que podría añadirse Italia, aplaudir Portugal o sustentar la gran Alemania. Los países del sur de Europa mantienen un ligero grado de supremacía sobre las costas mediterráneas, el océano Atlántico baña las aguas de centenares de kilómetros de playa y el Cantábrico surte de recursos a nuestros mercados. Pero ocurre al mismo tiempo que nosotros exportamos, al unísono de recibir damos y a la par de pagar cobramos; nadie piensa regalarnos nada por lo que tendremos que luchar para conseguirlo, para ello nada mejor que la unión de nuestras formaciones políticas, el avance de nuestros representantes hacía un pacto por la vergüenza de España y no por plegar nuestra espalda a las primeras de cambio. Interpretar la política como hacedora del bien social y no como causante en el aumento de las desigualdades sociales, utilizarla en favor de la prosperidad, el progreso y la paz contribuirá en avanzar en pos del resurgimiento de los valores y derechos humanos indispensables para la convivencia entre países de raíces diferentes. Los muros de la avaricia se destruyen con consenso, caen por su propio peso cuando sobre ellos se apoyan la identidad de quienes salen de sus hogares para hacer crecer a una sociedad diferente con su trabajo o conocimientos y sólo se mantendrá erguido si quién vigila su hedonismo no es advertido de su error y obligado a inutilizarlo; es increíble que la élite política mundial haga caso omiso de la realidad aplastante en sus apreciaciones de los estudios sociológicos a lo largo de la historia en los que se refleja que no hay lugar en el mundo capaz de prosperar sin la colaboración directa de quienes llegaron de sus países de origen para contribuir al avance de aquellos en los que se asentaron, entre ellos, uno de los que más obtuvo beneficio ha sido EEUU.































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