Cuando los inviernos
enfrían los febreros,
vivas,
las ausencias regresan
mientras los gestos
arrullan de nuevo
las caricias
que alumbraron la infancia.
Crecen las ausencias
en lágrimas resbaladizas,
en nubes grises y blanquecinas
que abrazan
cielos azules recurrentes.
Retornan las ausencias
en vientos huracanados
del destino
y desembocan,
en la calma,
en una tranquilidad
extraña del alma
que reaviva
otra vez el camino.
Van y vienen las ausencias
como las olas
espumosas y blancas.
Marca las arrugas,
permanente y húmedo,
el salitre del tiempo;
aviva los sueños convertidos
en tormentas pasajeras
y en milagros cotidianos.
En los días bardinos,
delgados rayos aventanados de soledad
anuncian
que las ausencias
siempre
crecen.
(del inédito libro LAS RENDIJAS DE LA VIDA)
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