Las velas chicas también se dejan notar.
A pesar de su tamaño, reclaman su presencia y su espacio: la bahía toda. En ellas el mar es aún más grande y más cercano. La apacible brisa sirve para llevarlas de un lado para otro. Al fondo, un buque se acerca en el horizonte, como amenazando. Pero no se dejarán pisar en el agua las velas chicas. Todas juntas parecen un enjambre blanco en una bahía pintada de azul. Es un bodegón marino; un boceto que espera al experto pintor donde con sus certeros trazos logrará una composición más viva y personal. Por eso la imagen solo es un borrador, una propuesta que desea derivar en cuadro.
De momento, esto es lo que tenemos.






























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