
Los deportistas lo tienen claro: hay que pasar el testigo. Otros, detrás, han de sustituirlos y se debe franquear el paso.
Es una pena que los políticos no actúen como los atletas. Si los primeros supieran que cuando se sube a lo más alto, lo que queda es bajar, posiblemente, estaríamos todos mejor. Sin tanta crispación y sin tanto cabreo. Y sin tantas banderas. Miren bien la foto: el atleta ha llegado a la cúspide y, antes de empezar a bajar, se desprende del testigo para que otro pueda continuar la prueba y tratar, a su vez, de superarla.
Es lo que tiene el deporte. Claro que nos referimos al “deporte bien entendido”.




























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