Radiales

Opinion

leonilocartel2015Tiempo hubo en que una radial se entendía, en exclusiva si obviamos los concernientes a los radios, como una máquina de corte. Cortes definitivos, y sin reversión pues, por su potencia, era de prever. Así, el DLE nos refiere en su quinta definición para el término: Máquina provista de un disco abrasivo que gira a gran velocidad, utilizada para cortar materiales de gran dureza. No obstante, con la desagradable reiteración de la noticia relativa a la reversión de las carreteras de peaje, nos recuerdan que también eran conocidas como radiales. No lo tiene en cuenta el diccionario, quizá porque hasta el momento no ha considerado tal necesidad; sin embargo, a partir de ahora, habrá de plantearse su inclusión, habida cuenta la importancia que adopta esta novedosa acepción, y la persistencia del término en lo cotidiano. Al menos por lo oneroso que va a ser para el erario público. Máxime en esta época de recortes y de políticas restrictivas.

Estas carreteras de peaje, que ahora definitivamente parecen requerir de la ayuda del Estado, son el resultado de una política económica plagada de pufos. De aquella época en que el partido de gobierno sacaba pecho y nos ilustraba sobre lo bien que iba España. Merced, era evidente, a su política económica. Aquella que, años más tarde, se ha ido mostrando como un campo minado. Minas que nos han ido explotando, una tras otra, dejando evidentes agujeros en las cuentas del Estado. Si primero fueron los bancos, de lo que vamos recogiendo cumplida información a través de los procedimientos judiciales en curso, a continuación los casos de corrupción política (relacionados sin duda con la época de aparente bonanza económica), es el tiempo de la recuperación de una práctica de épocas pretéritas – de cuyo nombre queríamos olvidarnos –, socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Esta es más habitual, mientras la otra, desde el extinto INI, poco recordábamos.

Si hacemos caso a las explicaciones del nuevo Ministro del Fomento, en declaraciones que contradecían intervenciones de quien le precedió en el cargo, no se trata de un rescate. Según sus eufemísticas expresiones es una suerte de indemnización fruto de una reclamación judicial. Reclamación judicial e indemnización que supondrán un buen desembolso para unas arcas públicas acuciadas por los recortes exigidos por la Unión Europea, esas tendentes a equilibrar las cuentas públicas. Si continuamos haciendo caso al referido Ministro, también concluimos en algo aún peor, ni más ni menos en que quien hoy preside el Congreso, nos afirmó sin rubor que no iba a costar dinero alguno a los españoles, supongo que tampoco a las españolas. Eso sí, no he logrado escuchar, salvo esos chistes que contó en un encuentro con personal de la prensa, su voz para pedir disculpas por el error de apreciación cometido.

En lo que a las disculpas se refiere, y la correspondiente asunción de responsabilidades, tampoco he podido escuchar las de quienes, en aquellas infaustas fechas nos mostraban todo su orgullo y satisfacción por las obras emprendidas, fotografiándose en la colocación de primeras piedras y en los cortes de cintas para poner en circulación las vías. Esas que, a tenor de lo visto, no eran ni necesarias ni rentables. Desconozco si en su momento se realizó el preceptivo estudio de viabilidad económica, que de haberlo hecho, quien se responsabilizó del mismo, también tendría que dar las correspondientes explicaciones.

De esas obras, de las que parece nos sentimos concernidos por una deuda, no solo sacaron tajada quienes ahora reclaman por lo no logrado, el presunto beneficio soñado. También, y tal como nos recuerdan, fueron premiados quienes poseían la propiedad del terreno por las cifras desorbitadas que recibieran en concepto de indemnización, por aquello de verse afectados por el trazado de la vía. Según refieren, aquella tan cacareada ley del suelo – responsable en parte de la no menos cacareada burbuja inmobiliaria – otorgó elevados valores a unos terrenos, que por sus características y ubicación nunca se habían visto tan bien considerados. Quizá sea eso a lo que llaman “poner en valor” con el que tanto se llenan la boca algunas personas. En definitiva, que lo que pensábamos irreversible no era tal, al menos en lo concerniente a la tajada que sacarán algunos; porque no se trata de recuperar carreteras, sino de volver a rescatar empresas de una quiebra provocada por su nefanda actuación. Tal y como ya se vio en el caso de las entidades bancarias. Que no ganamos para sustos, vamos.


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