
Los mejores tiempos para la lírica, cuando contamos cuentos a los niños a la hora de acostarse.
No hay experiencia más enriquecedora. Ojalá que los padres de hoy sigan haciéndolo. Es estar en el cielo cuando leemos los cuentos tradicionales a los niños: siempre hay una sorpresa, siempre hay una magia que invade la imaginación infantil. Y, sobre todo, es ese instante lo más parecido a la felicidad. Y suele ocurrir que nos damos cuenta cuando el tiempo ya ha pasado. Bueno, da igual. Leer, inventar, cambiar los cuentos de siempre: todo ello provoca en los niños una carcajada sonora que recorre la casa entera.
Es la risa perfecta en el espacio preciso. Lírica pura. Poesía pura.





























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