El tiempo
A medida que avanzaba, mi mochila se iba transformando en una maleta que mi mano derecha sostenía. Al llegar al cruce, el luminoso día dio paso a uno gris y, en cuanto pisé la acera de la Heredad, vi que los charcos habían brotado de nuevo. Me dirigía sin saber cómo al viejo Colegio de La Salle. De repente, un estruendoso triciclo me hablaba de un tiempo distinto. La vieja herrería había vuelto a su sonido habitual y algunos curiosos hablaban de cuando se cayó el otro día el camión del Agua de Firgas en la vieja cantera, al ladito mismo de la ermita de San Pedro. En cuanto llegué al colegio, entré en el patio enarenado del que mi padre me hablaba. Ahora creo que me lo he cruzado en su Vespa, pero no me ha visto. He formado fila instintivamente con mis compañeros de 2º Elemental y, después de cantar el Himno del Colegio, hemos cruzado la calle siguiendo a don José. ¡Ah! Se me olvidaba decir que Antonio, amigo de mi padre, me ha vuelto a regalar tres ciruelas en la Heredad, donde las venden.
(del inédito libro APENAS UN INSTANTE)






























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