Antonio y María Dolores

Opinion

Joseadelrosario3Dña. María Dolores nació en el último cuarto del siglo XIX en la Villa de Moya, a la edad de 22 años casó con Don Antonio en 1898, nacido el año de 1874 en el Barrio de San José de Las Palmas, cuya familia procedía del Valle de Agaete primero, trasladándose años después al Municipio de San Lorenzo y luego al Barrio de San José de la Capital de la Isla de Gran Canaria.

Antonio y María Dolores fijaron su residencia en La Costa de Bañaderos por motivos de profesión de su marido, que al igual que su padre ejerció de maestro en La Costa. En este pueblo nacieron sus hijos, siete varones y dos hembras, al golpito compraron una casita y unos cachitos de terrenos en los que plantaron árboles frutales, hortalizas, papas, además de unas gallinas, etc, siendo la despensa de su casa que les hacían felices y dichosos. Dña. María Dolores pasó a ser conocida en Las Costa de Bañaderos como; Dña. Lola, La mujer del Maestro.

A los cuatro años y pico de su matrimonio la vida les golpeó duro, en febrero de 1903 con 3 años y cuatro meses de edad moría su primer hijo. El segundo golpe lo tuvieron el 30 de octubre de 1910, su sesto hijo moría a los 6 días de nacer. El 29 de enero de 1921 les vino el tercer golpe, a la edad de 9 años y 49 días su séptimo hijo fallecía bajo las ruedas de un coche de pasajeros. La vida les golpearía de nuevo el 8 de octubre de 1915, con 7 días su octavo hijo se despedía de esta vida. Fueron acontecimientos durísimos para un joven matrimonio, perder por el camino cuatro hijos de corta edad tuvo que ser terrible.

Sus vidas tuvieron que continuar, pues tenían que sacar a delante a sus jóvenes cuatro hijos contra viento y marea, y rezando para que la vida no les golpeara de nuevo. El 5 de noviembre de 1916 la alegría invadió de nuevo el hogar, Don Antonio y Dña. María Dolores con 40 años de edad tuvo su noveno y último hijo, no sé si sus plegarias fueron oídas, pero este nuevo ser llenó de felicidad a toda la familia.

El 12 de enero de 1918 la vida se cebó de nuevo, esta vez con María Dolores y sus hijos, su esposo Antonio con 44 años partió de su lado hacia la eternidad. El mundo se le vino encima, con apenas 42 años y un hijo con un año y pocos días, la sumió en un profundo dolor y en una amarga tristeza. Pronto sus dos hijos mayores cogieron las riendas y ayudados por los dos menores, se pusieron en la terea de ayudar en todo lo que fuera para sacar a la familia adelante, habían padecido lo que no estaba escrito y sus padres siempre fueron unos luchadores. A partir de su viudedad para muchos en el pueblo dejó de ser Dña. Y pasaron a llamarle “Lolita la del maestro”.

John Todoestoesmio uno de los caciques del pueblo, estaba interesado desde hacía un tiempo por los terrenos de la familia, con el propósito de construir su casa-palacio con fachada hacia la carretera general y trasera con vistas al mar. Aprovechando el dolor y las circunstancias adversar de la familia, abordó a Dña. María Dolores proponiéndole la compra de los terrenos, el trato de Dña. María Dolores fué; “le cambio los terrenos por una casa en condiciones para mí y todos mis hijos”, el cacique le contestó que lo pensaría.

Pasado un tiempo el cacique volvió hablar con Dña. María Dolores y le trató lo siguiente; “se firmaba escritura y pagaré de compra y el pagaré no se podía cobrar hasta que sus hijos fueran mayores de edad”, Dña. María Dolores acostumbrada a tratar con personas honradas y de honor, firmó. No pasó mucho tiempo y el cacique abrió una ancha zanja delante de la casa familiar que impedía salir a la carretera general, Dña. María Dolores no se podía creer lo que le estaba sucediendo, pensaba que trataba con persona honrada, resultando ser mala gente. No tuvo más remedio que poner un tablón para salir y entrar a su casa, y se dispuso hablar con el que se creía ya poseedor de su propiedad sin haber pagado una peseta.

Dña. María Dolores tenía de albacea a un tal Juan Aguilucho, del pueblo él, encargado de custodiar sus bienes, y le contó lo que sucedía con el cacique John Todoestoesmio, el albacea prometió hablar con el tal John. Don Antonio y Dña. María Dolores no habían hecho testamento, como iba a pensar que todo ocurriera de aquel modo tan retorcido. Al poco tiempo el albacea Aguilucho le aconsejó que se buscara otra casa donde vivir; “Dña. Lola, búsquese otra casa donde vivir con sus hijos porque don John emprenderá acciones legales contra Usted si no se va”. Usted no tiene testamento ni dinero para meterse en pleitos legales, y Usted firmó la venta de sus bienes.

En cuadro se quedó Dña. María Dolores, sólo se le ocurrió pensar que había tropezado con dos redomados ladrones. Y es qué, el tal Aguilucho descaradamente y a la vista de todo el pueblo se vendió al cacique John. Dña. Lola le dijo al tal Aguilucho que ya no precisaba de sus servicios, pues para ese viaje no se necesitaban alforjas, y cómprese Usted una talega para que guarde el dinero que le dieron por su cobarde engaño.

Dña. María Dolores tenía por herencia de sus padres unas tierras con casa en la Villa de Moya, que dejó a cargo de su hermano Pedro ya que ella pocas veces podría subir para atenderlas, era el último recurso para salvar la propiedad de Bañaderos. Se trasladó a la Villa de Moya para contarle a su hermano lo que le pasaba, su hermano le dijo que él no podía hacer nada para ayudarla, ¿no te estoy diciendo que me ayudes? Te vengo a decir que te vendo la propiedad si quieres comprarla o se la vendo a otro. Su hermano Pedro le contestó que ella allí ya no tenía nada, que él se había hecho cargo de pagar los Derechos Reales todos esos años y que la propiedad estaba registrada a su nombre. “DE LA USUCAPIÓN COMO MEDIO DE ADQUIRIR EL DOMINIO: Es la adquisición de la propiedad a través del tiempo y por inacción del titular”. Dña. María Dolores no podía creer que hasta dentro de su propia familia hubiera un ladrón.

Había que continuar, Dña. Lola alquiló una vivienda en el Puente, a donde se trasladó con sus hijos esperando su mayoría de edad para ir cobrando del pagaré que en su día le firmó el cacique John. Este le ofreció trabajo en sus platanales a los hijos que quisiera, (maquiavélica forma de tenerlos esclavizados). Allí estuvo unos cuantos años, Dña. Lola sabía bordar y coser muy bien, encontrando trabajo particular con la familia Hersuá. Pasado el tiempo se trasladó a otra vivienda propiedad de Dña. Rosario en la calle San Pedro, pero aquella vivienda era pequeña para tanta gente.

Andando y andando el tiempo, a Dña. María Dolores no le quedó otra salida que entablar conversación con el cacique John para que le alquilara “su casa” y el cacique cedió en el trato. Retorciéndole las entrañas Dña. Lola regresó a “su casa”, no pudiendo comprender que, si la Ley era igual para todos, cómo era posible que sus servidores ampararan a tanto ladrón disfrazados de honorables.

La vida en la familia continuó su curso, sus hijos se fueron formando en oficios varios, unos mecánicos de motores, músicos, electricistas, relojeros, ebanistas, etc. Dña. María Dolores contaba los meses, los días y las horas en que su hijo mayor, “preso político por pensar diferente que el dictador y sus secuaces” saliera de presidio para abrazarle y calmarle de tanto sufrimiento padecido en sus siete años de cautiverio. De paso encomendarle la terea de reclamar la deuda que el cacique John había depositado (según sus palabras), en una sociedad bancaria de la Capital.

Una vez hechas las pesquisas pertinentes, su hijo mayor llegó a la conclusión de que todo fue un cobarde robo de propiedad del cacique John Todoestoesmio, amparado por ciertos servidores de la Ley. En la sociedad bancaria de la Capital no había dinero no lo hubo nunca, y no fue la única propiedad que robó con amenazas y prácticas mafiosas el cacique John. Amasó una fortuna escriturando propiedades bajo amenazas sin pagar una peseta, estas se las pagó a los secuaces contratados para tal fin.

Dña. María Dolores por fin volvió a vivir tiempos felices llenos de alegrías rodeada de los suyos, estaba nuevamente en “su casa” aunque las piedras fueran de otro. Su compromiso como madre y matriarca seguía el camino recto que ella y su marido se habían marcado.

Dña. María Dolores, Dña. Lola o Lolita la mujer del Maestro, se acostó feliz la noche del 6 de abril de 1964, no volviendo a abrir sus ojos, ¿para qué? Con sus 88 años de edad, dio toda una lección de humildad, honradez y sabiduría a todo aquel que se le puso por delante. Hiso su trabajo hasta el último minuto de su vida, partiendo de esta hacia otros mundos.

Esta historia como los nombres que le dan título, está basada en hechos reales.


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