El conjunto de bienes artísticos que nos han legado nuestros antepasados no solo sigue vivo sino que, al natural deterioro del paso del tiempo, permanece a pesar de los pesares. Este Patrimonio del que disfruta Arucas es un regalo que no debemos obviar. Porque en él se encuentra la historia de la ciudad y de sus gentes. Estoy convencido de que vendrán tiempos mejores y que la futura tecnología hará posible que el enorme cableado que se desliza como una serpiente por sus fachadas desaparezca algún día. Es verdad que ahora no son tiempos para la lírica. Pero en algún momento se producirá el milagro. Y, entonces, los vecinos y visitantes volverán al siglo XIX y principios del XX, cuando la piedra apenas estaba quemada por el sol. Y volver atrás significará en ese momento que la ciudad avanza hacia el futuro.





























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