Reencuentro
Blanco, gris, verde y azul: la combinación perfecta en la mañana luminosa de otoño. Así volví a reencontrarme con los sabores de la infancia; sabores perdidos en la memoria del tiempo que, milagrosamente, vuelven una y otra vez.
La simetría perfecta de la ciudad cambia según la luz del momento. En el instante en que fue tomada la foto, la ciudad aún parecía, vana ilusión, que dormía un sueño perenne de labrantes, donde la maza y el cincel, al unísono, iban construyendo la melodía del lugar. La sombra que se refleja en la fachada es pasajera, acaso como la vida, y protege la puerta del incipiente sol que pronto se hará fuerte: es el saludo, el “¡buenos días!” de la Naturaleza que cada mañana se asoma, delicadamente, a la ciudad centenaria. La montaña del fondo parece más cercana de lo que en realidad es, porque también desea alongarse y recorrer las señoriales calles donde los vecinos se vuelven a encontrar. La iglesia, mezclada con los viejos árboles del Parque de San Juan, todavía no ha dicho la última palabra. Así, en su silencio, desea erguirse en el azul del cielo, como si de una ola vertical se tratase.
Al poco rato, las nubes robaron aquel sueño y sumieron a la ciudad en el recurrente tono gris de los días de otoño y el cielo, encapotado, se había convertido en un lago de aguas tranquilas.
Y una palmera en el azul marcando el tic-tac del tiempo.































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152