“Tuve que salir a pasear. No me quedó más remedio. El apartamento, pequeño de por sí, se me convirtió en una celda desde que ella me dejó. Por eso salí a la playa, donde la amplitud y la inmensidad del mar me dejaran respirar. Con la bajamar, la playa se agranda y también mis esperanzas parece que se recuperan. Pero en cuanto regreso, las paredes se me caen encima. ¡Y qué expresión tan cierta! La cabeza me da vueltas y este giro inesperado de mi vida ni siquiera lo imaginaba. Pensaba que solo sucedía en las películas. Y a los jóvenes, que tienen un futuro más amplio. Ya ven, tanta tecnología me ha robado a mi pareja; nunca lo sospeché a pesar de su insistencia, y presencia, continua en el móvil. Sí veía que las palabras iban a menos, que en las comidas los silencios aumentaban. Y que en la cama las ausencias eran más frecuentes. Pero creía que era un momento, una situación provisional. No fue así. No supe interpretar las señales. Y ahora mi reflejo es borroso en la playa casi vacía. Espero que el tiempo aparte de mí esta soledad pasajera.”




























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