Permanecer
Uno de los caminos por los que opta el ser humano para manifestar el deseo de permanecer en el mundo es el de la escritura. Escribir para trascender, para sentirnos, si no unidos, al menos, cerca del resto de la gente. Ni siquiera para sobresalir ni para llenar la vida de vanidades inciertas y efímeras, sino para ir al lado de los demás, a su paso, y ser uno más en el conjunto.
Nos parece un auténtico y verdadero milagro que un siempre desconocido lector dedique su tiempo, sagrado, a lo que aquí decimos. Sí, un milagro único que la gente se pare, mire, lea, discuta y contraste pareceres. Si los libros ya son importantes, más aún lo son los inteligentes lectores que suelen escudriñar todo con afán crítico. Por eso su transversalidad es una seña de identidad. Decía Alberto Manguel que “leer se ha convertido en un acto de libertad” y, de ser cierto, que lo es, viene a incidir en este capitalismo atroz que nos invade y nos está robando, además, el tiempo libre, con el fin último de eliminar todo criterio y pensamiento crítico.
Pero las palabras impresas, la indeleble tinta y el olor del papel configuran una sensación única en el jardín cotidiano: el libro. Y, al principio de todo, el deseo de permanecer y estar.





























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