La sensibilidad musical del artista no solo la lleva en sus manos, que también, sino en esa expresión del rostro que nos anima a la concentración, donde el silencio es un compás más que se añade al sonido del timple. Es Benito Cabrera un juglar que recorre las plazas y los teatros. Y deja huella indeleble en cada sitio. Porque se toma muy en serio lo que hace. Y, sobre todo, porque su sinceridad creativa, siempre renovada, lo conduce a conectar con el público. De ahí las sensaciones que recibimos, aunque, como en esta ocasión, solo sea a través de una imagen. Y del sonido del timple que...






























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