"Pasteleocracia"
En España se han celebrado desde 1977 a 2011 un total de once elecciones generales. En las once ocasiones, una vez se abrieron las urnas y se contaron los votos, los españoles sabíamos quién iba a ser el Presidente del Gobierno. Esto sucedía tanto cuando había mayoría absoluta como cuando no la había.
El bipartidismo no era ni mucho menos absoluto, pero las minorías siempre respetaron el principio de apoyar a la fuerza política que más votos de los ciudadanos había obtenido. Se consideraba el comportamiento más democrático. Algo que no se cuestionaba.
En las pasadas elecciones del 20 de diciembre este comportamiento cambió. Las nuevas minorías no están por esa labor. Ahora se trata de que los ciudadanos voten y, posteriormente, que un par de líderes políticos decida quién gobierna y quién no, según los intereses de cada cual. Esto, aunque legal, me parece mucho menos democrático, pues el pasteleo de unos pocos se impone al poder del pueblo. Si me permiten que lo diga gráficamente, la pasteleocracia frente a la democracia.
Tras los comicios del 20D vimos como Pedro Sánchez y su primo Rivera, el segundo y el cuarto, decidieron presentarse juntos a la investidura. Todo esto a pesar de que habían dicho que no iban a formalizar un pacto de perdedores, que sus electorados eran distintos y que no tenían, ni de lejos, votos suficientes para sacarla adelante. Puro postureo, en definitiva, para justificar que no querían dejar gobernar a la fuerza política que había ganado con claridad las elecciones. Y, como consecuencia, nos hemos visto abocados a nuevas elecciones.
Desde que Pedro Sánchez dijo el 21 de diciembre "que no, que no y que no", ya sabíamos todos que íbamos a nuevas elecciones, y que el candidato socialista solamente buscaba ganar tiempo para garantizarse su supervivencia como líder del PSOE.
La consecuencia, además de nuevas lecciones, fue que el PSOE ha dejado de ser la referencia política de la izquierda en España, pasando el testigo a la izquierda radical. Algo que me produce tristeza hasta a mí, que no soy del PSOE pero sí deseo lo mejor para España.
Lo mejor siempre, a mi juicio, será que haya dos péndulos moderados que se alternen permitiendo la estabilidad democrática y el progreso económico y social, como ha sucedido en Europa siempre. Pues cuando se han impuestos los extremismos ha venido cualquier cosa menos progreso.
Personalmente, prefiero lo que había ocurrido en las primeras once elecciones generales celebradas en España. Por ser más democrático, por ser más estable y porque prima más nítidamente el interés general frente al interés particular de los dirigentes políticos, como ha sucedido con Sánchez y su primo Rivera.
Además, pienso que, con este juego de las sillas al que hemos asistido, la política del postureo, los telepredicadores y vendedores de pócimas mágicas ganan espacio frente a la política del compromiso, la responsabilidad y la de aquellos que quieren gestionar un proyecto moderado y creíble para España.
Con este sistema, quien tiene menos votos parece que vive más cómodo, como pasa desde hace mucho tiempo en Canarias, y así nos va en nuestra región.
Creo que es importante que esto no suceda tras del 26J. Debemos imponer el poder del pueblo frente al poder del pasteleo y el postureo. El interés general frente al interés político de unos pocos perdedores.
Es necesario, pues, agrupar en torno al Partido Popular todos los votos moderados para que cuando se abran las urnas sepamos que el Presidente del Gobierno será el que ha ganado las elecciones y, por lo tanto, la democracia gane a la pasteleocracia y la moderación a la radicalidad.
Felipe Afonso El Jaber es portavoz del Grupo Popular en el Cabildo de Gran Canaria




























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