Amedrentando

Opinion

leonilocartel2015A veces pienso que toda la sociedad española, sin excepción alguna, está padeciendo una epidemia de estupidez generalizada. Y digo tal, porque no cabría esperar un extendido sometimiento a tan elevado nivel de insulto a la inteligencia. O quizá, vaya usted a saber, nos encontremos en la equidistancia. Dicho de otro modo, en parte insultan nuestra inteligencia y en parte nos ahogamos en nuestro propio vómito de estupidez. Los motivos para pensarlo, que existen, se circunscriben a las declaraciones interesadas (quizá peque de redundancia), surgidas a partir del momento en que se supo que la coalición entre IU y Podemos iba a ser una realidad. Y no lanzo campanas al vuelo, auspiciando notorios éxitos, ni arguyo fatalidades, refiriendo fracasos. No, me limitaré a hacerme eco de las declaraciones fruto del mencionado acuerdo.

Comenzando por las declaraciones de los propios miembros de IU, críticos con el acuerdo; he de continuar por las realizadas desde los distintos partidos, para culminar con la guinda del pastel – la hasta el momento de escribir esto, las más recientes – que colocó Hernando como el solo sabe hacer, incluida esa musiquilla utilizada en sus expresiones. Me refiero a Antonio, aunque tampoco el otro, Rafael, aprovechó la oportunidad para mantener la boca al amparo de las moscas. En todos los casos, con ese nivel de declaraciones, no vienen a reflejar otra cosa que no sea la importancia que otorgan a dicho acuerdo, en tanto pueda perjudicar sus intereses electorales.

Por mantener la constancia de criterios, me referiré a la de la fracción crítica de IU. Sobre todo, porque quienes se expresan con tanta virulencia y escepticismo, en el pasado tuvieron responsabilidades de organización en la coalición, manteniéndola en el actual estado. No podemos olvidar, salvo que busquemos engañarnos, las luchas intestinas surgidas al amparo de esas siglas – bastante grandilocuentes – de izquierda unida. A lo largo de toda su existencia tal hecho es más bien una utopía (seguro que habrá quienes me arguyan lo contrario, la opinión es libérrima), porque ya se han encargado de deshacerse de quienes les hiciesen sombra. Pues bien, cuando parece que podrían mejorar los resultados (al menos en el plano de las especulaciones estadísticas), aparecen las voces críticas, las de quienes ni comen pero ni dejan que lo hagan.

Si antes cité someramente a los Hernando, Antonio y Rafael, Rafael y Antonio – que para el caso viene a ser igual –, no podemos olvidarnos de ese émulo de estadista. Sí, me refiero a Rivera. Como forjó su práctica política en las NNGG del PP (digo que habrá de concretarse, pues a pesar del afán por acapararlo todo, también son otras las generaciones que se renuevan) Lo de las NNGG es por haber transitado su cuota de afiliación por las redes, salvo que la hubiese puesto en circulación ese portento del periodismo, director de un digital y habitual de tertulias. Bien, el caso es que Albert Rivera, con magua aún por no haber logrado ser vicepresidente de Sánchez, hace mención a aquel viejo reclamo de las huestes franquistas: comunistas. Suerte que no se refirió a la masonería, como hiciese el de la cruzada. ¿Tanto teme Rivera a la unidad de la izquierda? Quizá estaría pensando en reeditar el fracasado pacto con Sánchez, la situación podría quedar muy perjudicada, si se produjese un retroceso, en el ya disminuido número de escaños del PSOE.

Del Hernando, Rafael, no hay mucho que reflexionar. Sus intervenciones, sus bravuconadas y chistes de barra de bares colilleros, no tendrían por qué llamarnos la atención. Aunque nos provoquen un profundo cabreo, no por lo expuesto, sino por el escaso, por no decir nulo, efecto sobre su electorado. Porque ante ello, cabría pensar que quienes le ríen sus supuestos chistes, participan del mismo comportamiento. Son las actuaciones que forman parte de su cosecha; escasa, por cierto, pues siempre se mueve dentro de los mismos parámetros, será por conservarlos. No olvidemos, hasta la fecha en que salieron los Cs, prácticamente eran los únicos representantes del conservadurismo español, con pulserita roja y gualda incluida.

A un Hernando le corresponde otro, en este caso Antonio. Lo suyo, es más lamentable. Al sentirse representante de la izquierda (la de ellos), pone en entredicho los valores de la misma. Ese afán por utilizar las misma añagazas que la derecha, dicen poco (o nada) de sus buenas intenciones. No me refiero al desplante hecho por lo del ofrecimiento para el Senado, ya vendrán los resultados para quitar o dar razones. Me hago eco de ese su modo de referirse a quienes, por tomar decisiones no adecuadas para los intereses electorales de su partido, les aplica apelativos dignos de los del PP y Cs. Quizá sea que todo se contagia, y el tiempo del pacto fallido les permitió aprender ese modo tan arcaico de expresarse. Porque, para criticar lo vetusto, me refiero a Antonio Hernando, queda muy mal recurriendo a expresiones propias de épocas preconstitucionales. Él sabrá, sobre todo cuando hacen referencia a Anguita, tal vez les moleste su coherencia. En cualquier caso, quizá se trate de una estrategia dictada desde Sevilla, habida cuenta cómo se expresa la que, esta sí, hace la pinza a Pedro Sánchez, que por cierto, se expresa como Adolfo Suárez. Digo, por lo de mencionar lo vetusto.


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