El mar vertical

Opinion

juanferreraAcaso sea debido a nuestra condición isleña, y atlántica, lo cierto es que el mar ocupa un lugar relevante es nuestras existencias. Acostumbrados como estamos a él, omnipresente siempre, su ausencia la percibimos inmediatamente. Y su inmensidad azul, de sueños e ilusiones llena, se proyecta en todos nosotros como un elemento primordial de la Naturaleza isleña.

Un mar que va y viene, diferente en cada momento y altamente sugeridor: frío y distante, por sus tonos grises y entristecidos, en algunas ocasiones; en otras, en cambio, parece invitarnos a revivir los alegres e inocentes días de la infancia cuando su luz azul se muestra viva, risueña, mágica y única.

Hoya 295a

Pero lo que nos interesa de él es la posición que, por momentos, adquiere. Cuando nos alejamos de su nivel, el mar se levanta con firmeza y queda enhiesto, trascendiendo así la realidad inmediata.

¡El mar, la mar!

Y ese mar en la pintura de José Jorge ORAMAS (1911-1935) es un mar vertical, como una pared pintada de azul que nos aprisiona. El doble aislamiento: la isla y el Atlántico. Es Oramas un pintor indigenista caracterizado por la luminosidad y la quietud de sus motivos: imágenes retenidas en la memoria que, recurrentemente, salen al encuentro. El mismo mar que Oramas plasmó en sus lienzos es el que ahora se hace presente: el mar vertical, el mar que sube y trepa por los muros de las casas y los cercados, y toca casi el campanario mismo de la Catedral. Es el mar que se levanta y se pone de pie. El mar que nos abre el alma a los sentimientos llenos de sal; el mar que nos limita y nos "isleñiza" aún más con sus añiles tonos que tocan el cielo. Es el mar vertical el que nos cierra y trata de impedirnos alcanzar la libertad, siempre tan deseada.

Oramas 40a

Pero en cuanto a él nos acercamos se horizontaliza y humaniza. Entonces la amenaza desaparece: se convierte en el mar que invita, que deja pasar las ensoñaciones y configura un camino abierto de estelas que nos señalan la vereda por la que intentaremos descubrir un mundo nuevo.

Ese mar que vemos cada día es el mismo mar al que Oramas le da la espalda, pues es un pintor de tierra adentro donde la alegría y la vitalidad se plasman en los intensos y vivos colores del mediodía.

Por eso el mar, azul y blanco, mece nuestros sentimientos y nos invita al mestizaje con un realismo mágico que no sólo se encuentra en la literatura de los novelistas hispanoamericanos.

Bibliografía:

Josefa Alicia Jiménez Doreste, José Jorge ORAMAS, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1991.


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