María Concepción tiene un fantasma particular que la peina todas las noches. Ella lo invoca, con los ojos cerrados, acostada en la misma cama a la que, de niña, desde mucho antes de que se le activara la memoria hasta el día que cumplió siete años, su querido hermano Francisco la llevaba después de escarmenarle el cabello.
Su hermano la adoraba. Ella era la niña de sus ojos, su princesita encantada, su pinzón azul. Cuando la peinaba, susurrándole cuentos y poemas, la trasladaba a mundos de fantasía en los que volaba y volaba sin cesar. Luego se dormía y continuaba sus viajes en el sueño.
Pero el día que ella cumplió siete años Francisco no volvió del trabajo. Sus padres, ocultándole la verdad, se la llevaron a casa de sus abuelos, alegando que éstos le habían preparado una gran sorpresa: una cena especial de cumpleaños, con amiguitos y todo.
Encantada con la idea de la celebración, la niña se despreocupó y no se acordó más de su hermano hasta que terminó la reunión y se fue a la cama. Con los ojos cerrados, a punto de dormirse, evocó las manos que siempre la transportaban, que hacían volar su imaginación, y deseó que Francisco se presentara y le dijera una poesía de esas tan bonitas que solía dedicarle. Y, ya en el umbral del sueño, sintió que le acariciaban el pelo y oyó una voz lejana que susurraba:
-¡Mi hermano Francisco ya vino! –dijo la niña, con una angelical sonrisa dibujada en su cara, antes de empezar a soñar con nuevas aventuras.
Y, al igual que ocurrió esa noche, su hermano ha venido a peinarla cada día durante más de setenta años, y aparece cada vez que María Concepción recurre a él. Lo llama con el pensamiento. Sabe, siempre lo ha sabido, que murió el mismo día que ella celebraba su séptimo aniversario, pero lo sigue invocando. Sólo sus manos y el remoto susurro de su voz consiguen que concilie el sueño. Y muchas noches, en estado de duermevela, sonríe al pensar en sus amigas, con las que va al Bingo todos los sábados, y en la frase que esgrime cuando ellas la sermonean por estar obsesionada con el espíritu de su hermano:
-Ustedes necesitan píldoras para dormir, y yo sólo tengo que llamar a mi querido fantasma de oro y plata.






























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