El flequillo del presidente canario es un flequillo auténtico y autóctono, como debe ser. Como las hojas de las palmeras antes de ser atacadas por el picudo rojo. No sabemos si el flequillo del presidente corre peligro. Al final de la legislatura veremos cómo queda. Suele ocurrir que las cabezas queden más encanecidas y que la frente se despeje un poco (o un mucho, vaya usted a saber). Es que eso de ser presidente no es cosa baladí, desde luego.




























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