Aprendices de brujo

Opinion

xavierPasado el ecuador de la campaña electoral a las elecciones generales del próximo 20 de diciembre, la mayor novedad de la misma está resultando ser que a la acostumbrada competencia por el "centrismo político" del Partido Popular y del Partido Socialista Obrero Español, se han unido Ciudadanos y Podemos.

En un Estado como el nuestro, tan excepcional con respecto a los de nuestro entorno europeo, debido a la indefensión cívica y la precariedad económica generalizadas, que tanto las cúpulas dirigentes de los de siempre (los que se han alternado en el poder desde la Transición democrática) como las de los nuevos (que ni siquiera aún tienen representación parlamentaria) coincidan en que la mejor imagen mediática que pueden ofrecer a la ciudadanía es el ser variaciones del "Centro", es decepcionante.

Los que mandan en el PP, el PSOE, Ciudadanos y Podemos insisten en no salirse de ese marco político, aspirando a encarnar las versiones conservadora, progresista, liberal y social de la "centralidad política", cuando, tras décadas de gobiernos "centrados" –vaya usted a saber en qué-, este país sigue sin levantar cabeza en los principales índices de cohesión social, responsabilidad institucional y corrupción.

Por el camino de ese viaje a ninguna parte, los de siempre y los nuevos se han dejado querer –y de qué manera- por las prácticas de difusión de los medios masivos, caracterizadas por la trivialización de la política y su transformación en un espectáculo irracional, más atento a las ingeniosidades y trucos retóricos de los participantes, que a otra cosa. Y todo ello, vulnerando el espíritu de la transparencia democrática y la letra de la ley electoral.

Partidos políticos con representación parlamentaria -como Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia o Partido Nacionalista Vasco- han sido excluidos del banquete mediático y las propuestas políticas de organizaciones no parlamentarias, que no salen en las encuestas, también. Algo tan importante, para un régimen que se pretende democrático, como es que su pueblo soberano pueda conocer los distintos enfoques y las diferentes propuestas que se presentan para su consideración y apoyo, se ha venido obviando durante mucho tiempo. Y, ahora, hasta los que se promocionan como los nuevos adalides de la regeneración democrática, por aumentar sus posibilidades de ganar, se avienen a la indignidad con tanto ánimo, como desparpajo.

En las próximas elecciones se eligen representantes políticos para ocuparse de algo muy relevante y complejo: la gestión democrática y eficiente de los intereses generales, en una nación de un mundo influido por fuerzas antisociales muy poderosas y por amenazas varias. Es comprensible que tras los apartados, argumentos y propuestas de los programas electorales trascienda la ignorancia y la incertidumbre. Por eso, resulta especialmente inapropiado que las cúpulas dirigentes de los partidos "tocados por la fama" coincidan en alimentar las retrógradas y peligrosas ficciones de que sólo en su organización se sabe "lo que hay que hacer" y de que existen líderes capacitados para llevarnos con bien por "la travesía del desierto", previa al asegurado paraíso.

Con la que nos está cayendo, produce vergüenza ajena escuchar que, según cada uno de ellos, "todos" están ganando los debates, "todos" están convincentes y "todos" han vapuleado dialécticamente a los demás. En fin, aprendices de brujo practicando mal la magia.

Xavier Aparici Gisbert, filósofo y emprendedor social.

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