Y llegó la amanecida del día cuatro de agosto, Juan Ramón se encaramó a la cúspide del Ayuntamiento, esperó tres minutos, el tiempo justo para que el pueblo se extasiara y llegara a la paranoia final ante los vítores de "Juan Ramón tira el volador", llegó la hora señalada, brazo en alto, cigarrillo preparado para prender la mecha y con ese garbo que solo da el ser de Agaete para tirar un volador...SHIUMMMM BOOMMM... empezó la música, "levántate quinto".




























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