Las goteras
Que el ministro del interior del gobierno de España no sea un dechado de oratoria, no es una novedad. Que el don de la oportunidad tampoco forme parte de su discurso, lo es aún menos. Que no se quede en la primera, continuando por si mejora, es indudable. No me detendré en sus convicciones religiosas, algo relacionado con la privacidad, a pesar de ponerlo en evidencia en su práctica política. Olvidar la no confesionalidad del Estado es, a todas luces, no considerar en su justa medida el espíritu del texto constitucional, él sabrá.
Podríamos analizar una larga lista de situaciones donde se pone de manifiesto la ausencia del don de la oportunidad. Atendiendo al título del artículo, me limitaré a su desafortunada metáfora con respecto a las personas con derecho a asilo. A ello y, por su cercanía en el tiempo, a sus declaraciones referidas a quien ocupará el último puesto de las futuras elecciones catalanas, en la lista de Mas.
De lo primero, asunto ya muy trillado por el señor, poco nos sorprende. Se trata de su dificultad para reconocer, de una vez por todas, que las personas tienen derecho de asilo. Desconozco a qué se debe, pues dicho derecho forma parte del ordenamiento jurídico, no solo porque forma parte de las normas, sino por haber firmado los correspondientes tratados. De ahí la dificultada por entender tal situación, pues cómo se puede despreciar de modo tan cicatero a una persona. El ejemplo de las goteras, no es la metáfora más adecuada, viene a proponer que las personas por el hecho de solicitar asilo político son una anomalía. Qué es, si no, una gotera en cualquier edificio. No hemos de olvidar que quienes huyen de su país, ya sufrieron lo suyo, en situaciones todas alejadas del mínimo respeto de los derechos humanos.
La gracia sobre el futbolista me parece de lo más pueril. Ahora resulta que quienes son elegidos para jugar en la selección, lo son por su amor a la patria. No es ni mucho menos, sin entrar en lo crematístico, el afán patriótico lo que les mueve. Quizá sea, sin ser conocedor de las veleidades del balompié, el interés por prosperar en su carrera futbolística. No sé qué le encuentra de patriótico al hecho de dar patadas a un balón hasta depositarlo en el fondo de una portería. Claro, ellos son quienes manejan el concepto de patriotismo, con lo cual hemos de asumir tal aseveración. Al menos así, debe pensar ese buen señor. No el resto de los humanos, que consideramos el fútbol como algo más englobado en el mundo del espectáculo. Por cierto, un espectáculo que mueve bastante dinero, a ese dios que se refiere el señor ministro del interior. Y sí, no solo a quien hizo referencia, también el resto lo hace por las cantidades – insultantes – que se mueven en dicho espectáculo.
Volviendo a las goteras del señor ministro, que olvida las verdaderas goteras del sistema, no sé si intencionadamente; no son otras sino las relativas a las corruptelas, sustentadas en el nefasto funcionamiento del sistema judicial. Por esas, es cierto, sí que se pierden cantidades ingentes de dinero. Por ello tendría que velar. No es posible, en un país serio, permitir tales goteras, sangrantes para el buen funcionamiento de una sociedad.
En fin, aun considerando su inoportunidad al expresarse, habrá que aguantar el embate, las elecciones ya se vislumbran, todo podrá mejorar. Igual, las goteras están en las urnas, donde se les podrán ir los votos con los que ahora gobiernan.



























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