Ironías de una gran fiesta política

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaLa gran muestra de venta al por mayor de programas políticos comienza a abrir sus puertas todos los días de la semana hasta nueva orden. Los tenderos luchan por llevarse a sus estantes la mayor clientela posible dispuestos a quebrar cualquier iniciativa que les repercuta en sus estudios de análisis con los que sacar al menor precio el mismo producto y cuyos beneficios sean lo más parecidos a una estrategia baja en calidad pero con grandes dosis de satisfacción propia.

Para está gran fiesta del interés no se escatima en dar la mejor imagen, si para llegar a ella se tienen que bajar del puesto y mediar con los visitantes de cara, pues se hace sin que los anillos se vean en peligro por estar cubiertos de un guante tan blanco como peligroso al que le coja despistado. Los despachos se convertirán en espacios vacíos, sin presencia humana por las órdenes precisas de los encargados de la firma y el que quiera vender el producto que se le encomienda tendrá que asistir a una desarbolada masa de inconfesos a los que costará muy mucho convencer dada la proximidad de los recientes casos de venta de material humano con vueltas de chaqueta y honestidad reducida.

Tal vez a causa de la gran demanda de productos con una fecha de caducidad determinada, los tenderos tengan entre sus preciados artículos aquellos que sean de uso exclusivo y no aparezcan en el catálogo de otros programas anteriores. Dada la gran afluencia de licencias en el registro de marcas desde hace algunos años, los colores cada vez se disponen con mejor diseño atendiendo la llamada del progreso aunque esté sólo sirva para endulzar el contenido de la mercancía.

Toca ponerse las gafas de sol y echarse al hombro la cámara fotográfica o contar con un buen móvil para hacer cuantos selfys convengan a los intereses y al de los profesionales de la muestra política especialista en sufragios al sol y convenios a la sombra. Lo destacado del asunto no deja de ser pintoresco al menos, en nada envidia un mercado a una solución política en manos de las grandes marcas; las mismas que ostentan el privilegio de servirse del espacio pagando menos tributos y poniendo trabas al pequeño comerciante que quiere sacar provecho del evento y a ser posible, algo de su producto al público con el que rellenar sus balances.

Quisiera que algún día un comerciante digno saliera a destacar sobre los demás con un producto ventajoso para todos a un bajo precio, ese que tendría un lugar privilegiado en la mesa de cualquier hogar por muy humilde que fuera. Sería entonces cuando podríamos contar que una vez hubo una verdadera fiesta de la política que atrajo el progreso a la sociedad y no quedo simplemente en una feria más a la que solo unos pocos acceden. ¿Podría ser cierto en está ocasión? Es cuestión de esperar unos meses para ver los resultados, ahora las estadísticas las marca cada puesto a su forma de entender los recursos invertidos en su programación y puesta en escena.


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