Las chicas de "La Laboral"
Hay momentos en la vida de un profesor que suenan a gloria, a felicidad personal y laboral. Quiero decir, improbables lectores, que las alumnas que un día fueron (guapísimas entonces y ahora "¡entodavía!" mucho más) han aparecido de nuevo en mi vida. Con los nuevos dispositivos tecnológicos, de la imagen en la pantalla se ha pasado a la imagen real, a la verdadera imagen sincera y única.
La tarde del reencuentro (por ejemplo, imaginemos que han pasado ¡treinta años!) no solo corroboró los recuerdos que creíamos olvidados, sino que vino a confirmar que los primeros tiempos en la enseñanza acaso sean los mejores, entre otras cosas, por su juventud y novedad; y por su aprendizaje también. Si veinte años no es nada, como dice la canción, treinta aún lo es menos.Estas seis mujeres de la fotografía, sin ellas saberlo, se han convertido en la esencia de mi trabajo, en el estímulo perfecto en estos tiempos tan asirocados, tan recortados y tan faltos de inteligencia. Como dirían los de Piedra Pómez: "es que hoy hay una falta de ignorancia!!!"... Las anécdotas, las risas, algunas tristezas, conformaron una tarde luminosa y alegre en Arucas. Por supuesto, la luz la pusieron ellas con su vitalidad desbordante y sus imparables voces. Por momentos creía estar de nuevo en clase, en La Laboral, el espacio perfecto de aquel tiempo que poco a poco se ha ido idealizando. Sin embargo, hay "algo", hay "un espíritu", o como se diga, que permanece en los que allí convivimos durante un tiempo. No sabría explicarles en qué consiste. O tal vez sí: "el espíritu de La Laboral" es que treinta años después vengan a verte. Pero no sé, no estoy seguro.
En los momentos actuales, tan difíciles y tan cambiantes, donde la impertinencia se ha hecho fuerte en las aulas y donde las situaciones de aprendizaje es el último ejemplo de un enésimo movimiento pedagógico que nunca se analizará ni evaluará, y que nos distrae del trabajo verdaderamente esencial y fundamental, resulta muy reconfortante que los que un día fueron alumnos y alumnas se acuerden de aquel profesor con el que, por simple azar, coincidieron en un espacio de sus vidas.
Así que estas seis mujeres de la fotografía, sin ellas saberlo, se han convertido en la esencia de mi trabajo, en el estímulo perfecto en estos tiempos tan asirocados, tan recortados y tan faltos de inteligencia. Como dirían los de Piedra Pómez: "es que hoy hay una falta de ignorancia!!!"...
Son ellas la muestra perfecta de que al menos alguna cosa hicimos casi bien.
No sé si me explico.




























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