El valor de una vida

Opinion

leonilocartel2015La muerte del cabo del ejército por la acción de los bombardeos israelíes pone de relieve la aparente falta de valor de una vida humana. Quizá, también para esto, haya que recurrir a aquella sentencia de don Antonio Machado: "siempre hay un necio que confunde valor con precio". Viene a cuento por el precio de la guerra, el ilegítimo negocio de los enfrentamientos bélicos, fruto de los intereses económicos de unos pocos con las fábricas de armamento. De no ser por estos motivos no se entendería, traduciéndose en una mera hipocresía esos cantos de sirena donde ponen empeño en defender la vida humana.

Volvamos al motivo inicial, la muerte del soldado, aparentemente en una misión de paz. Según nos cuentan forma parte de una fuerza de interposición, para evitar enfrentamientos como los que generaron su muerte. El hecho adquiere mayor gravedad, cuando nos enteramos del conocimiento por parte de las fuerzas israelís – las responsables de los letales disparos – de su posición, no pueden hablar de desconocimiento. Si acaso, como también escuché, de un error en el cálculo del destino de los disparos. También podría ser, salvo si nos hacemos eco de lo acaecido a continuación. Me refiero a la breve disponibilidad de tiempo para atender a quien, primeramente estaba herido de gravedad, falleció por la dificultad para atenderlo de quienes se desplazaron hasta el lugar con dicho fin.

El volcán en permanente erupción de Oriente Medio, sea por un motivo u otro, siempre encuentra un común protagonista. El ejército de Israel, erigido en guardián de la zona, acaba siempre apareciendo. Su potencial militar y armamentístico, así como su poderío por el terror desatado por sus servicios secretos, son indiscutibles. De su posesión de armas nucleares, nadie alberga duda alguna. Aparentemente, de momento, no ha hecho uso de tales medios de destrucción masiva, si bien siempre se cierne esa amenaza en la zona. A veces da la impresión de su necesaria presencia, para mantener viva la continua llama del conflicto.

Si en esta ocasión, por los motivos pendientes de descubrir en la correspondiente investigación, se trata de una única vida humana, al menos en lo concerniente a la milicia española allí desplazada, no sucede así con el resto de los presentes en dicho conflicto bélico. Algunas vidas más resultaron segadas por las escaramuzas suscitadas por vaya usted a saber qué oscuros, o evidentes, motivos. Seguramente, sin el suficiente peso específico como para costar vidas humanas. Nada justifica la guerra, ni tan siquiera el negocio suscitado por dichas contiendas. Quizá, algunos de quienes asomaron su rostro compungido por la pérdida de vidas, en el oscuro cubil de sus tejemanejes se mostraron ufanos por los gastos ocasionados, pingües beneficios para sus cuentas de resultado.

Esperando los resultados de esas hipotéticas investigaciones – mucho me temo no se vaya a producir –, junto a la enérgica denuncia de las autoridades españolas a quienes fueron responsables, directos e indirectos, de la muerte de ese malagueño que no podrá ver crecer a su hijo, póstumo al ver la luz tras su fallecimiento. Sería muy ingenuo si pensase que esta iba a ser la última, ni mucho menos pues quienes fomentan este tipo de conflictos aún desconocen cuál es el valor real de una vida, el negocio ya se lo llevan ellos.


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