La necesidad democratica

José Antonio del Rosario Viernes, 09 de Enero de 2015 Tiempo de lectura:

El partido de la rancia derecha-conservadora-caciquil que ostenta poderes en la Nación, se halla entre dos abismos. Si se sirve de los socialistas, se enajena, no sólo las simpatías, sino hasta el respeto de los radicales, que prefieren la dictadura; y si concede servirse de los republicanos ve irse al campo de la restauración a los que procedentes de ellos, instaurarán antes una República o países Federales que este incomprensible conservadurismo-caciquil, que sólo sirve para destruir todo sentimiento de verdadera Democracia.

Así las cosas, dado que el sistema democrático desde su campo y con energía cada día creciente, combate el frágil trono del Conservadurismo, ¿es posible seguir esperando que la derecha-conservadora-caciquil se consolide? ¿no es absurdo creer que eche raíces en este suelo, enemigo de toda dominación, un partido que ni aún con el respeto de los que lo crearon cuenta, ni a podido granjear más servidores y parciales en más de dos años en el poder, que gozan y aplauden transitoriamente los recortes presupuestarios y dan vítores a la corrupción?

Pues si esto está claro y evidente, para todo el que sin pasión ni interés inmediato observa las evoluciones de los que ostentan el poder y pulsa la opinión movible del país, ¿no exige el ciudadano que ame sinceramente la libertad, que sacrificando la vanidad pueril de sostener un error por ser propio, vaya tomando las disposiciones precisas para sacar a salvo la Democracia del terrible conflicto en que ha de verse el día más cercano de lo que muchos se imaginan, en que viniendo abajo lo que sólo por Decreto y no por el pueblo se sostiene, sea la que quiera la fuerza que con sólo combatirlo muestre su flaqueza y determine su aniquilamiento, se halle el ciudadano sin derechos (aunque la Constitución dice lo contrario) y haya de disponer de nuevo de sus destinos?

La marea sube; la tempestad se acerca, el drama entra en el desenlace. Los conservadores-caciquiles se irán del campo que dejaron semidesertico; los reaccionarios de todos los matices se entienden y conciertan. Intentarán destruir la libertad, matar las conquistas democráticas, volver el país al estado de envilecimiento y servidumbre en que le han tenido tantos años. Y como la ambición es impaciente, decretaron mediar en poco tiempo del pensamiento a la acción.

Ha llegado, pues, la hora de pensar seriamente de impedir la realización de los planes de los que se unen en su odio común a la Democracia y a la Libertad. Sostener el rancio conservadurismo-caciquil es un peligroso crimen-político para este País, donde la mayoría de sus ciudadanos luchan y asientan sus bases en políticas democráticas reales. Imponer el yugo y las flechas seria insensato, pues el emblema dictador-nacionalista anularía de cuajo la libertad de un pueblo, que su fuerza toda será necesaria para salvar las instituciones democráticas.

Mediten aquellos que un día siempre han dicho que si hubiera que sacrificar algo, no sacrificarían la Libertad.


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