
“El taller del escultor surge ante nuestra atenta mirada como si desordenado estuviera; sin embargo, no es así; nunca es así.
Cada cosa, cada utensilio, cada herramienta y cada propuesta se han ido colocando en su sitio, que el artista conoce e identifica perfectamente. Solo él sabe dónde están las herramientas que necesita y los demás elementos y detalles que irán conformando la penúltima obra. Claro que hay otros aspectos que no se ven: su mirada escrutadora, sus manos que saben modelar como si ese gesto estuviera al alcance de todos y la imaginación de lo específico: lo que verdaderamente imprime carácter a la obra y la convierte en eterna.
Por eso esta mirada que proyectamos en el taller de José Luis Marrero Cabrera, escultor aruquense, ofrece vida propia por sus cuatro costados, donde las piezas amontonadas no están dispersas: solo el artista sabe en cada momento lo que precisa.
Y eso de saber lo que necesitamos en cada momento es una victoria que conseguimos a lo largo de la vida. Que no es poco.”
Juan FERRERA GIL






























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