Entre surcos y nubes, perdimos hace ahora un año a nuestra “Poetisa del sacho”, aquella mujer que nos hiciera amar el cultivo del tomate y los senderos de su amada Roseta; aquella mujer de cuerpo enjuto, alma dolorida y eterna alegría para los demás, que nos llevara a la luna de la mano de su nieto o subidos a un barco de papel en las riadas de la lluvia en La Montaña de Gáldar; aquella alma limpia que nos enseñara el amor a su familia, a sus compañeras del sacho, a la naturaleza, a la vida…encerrados en unos poemas sencillos, cargados de ilusión que hablaban del presente con reflejos en un futuro inmediato.
En el prólogo de su libro “Caricias de viento” de 2002, se recogía un fragmento de Marguerite Duras que bien puede definir su poesía:
Nos dejó, como había vivido, en silencio, aceptando su destino, rodeada de los suyos y ante los ojos incrédulos de Miguelito, su esposo, que no aceptaba aquella situación de futura soledad. Y ella partió hacia la inmensidad de las nubes a las que tanto cantaba y hacia la luna con su “asa dorada” que tanta curiosidad le provocaba y que ese día salió sólo para ella…y creyó partir sola para siempre.
Qué poco se imaginaba que apenas tres meses después, “como regalo de Reyes”, el amor de toda su vida, su esposo, la alcanzaría en el recorrido estelar que ambos harían juntos, porque su esposo necesitaba de sus cuidados y de las explicaciones que con toda seguridad le estará dando de cuantos cuerpos celestes se encuentren a su paso.
Parece que fue ayer, cuando, invitados por Manuel Díaz, participamos en Juncalillo en el encuentro Por Amor Al Arte 2004. La lectura de sus poemas cautivó a todos los presentes. Todos y todas se sintieron identificados con ellos y más de uno preguntaron si realmente eran suyos … posiblemente porque pensaron que les habían robado sus propios pensamientos.
Parece que fue ayer, cuando de la mano de Eulalia, en Radio Gáldar, y a través del teléfono, mostraba su exquisita memoria, recitando cuantos poemas se le pedían…ya con la brújula de sus recuerdos perdidos o difusos. Su voz suave y envolvente se quedaba en el locutorio mucho tiempo después de cada recitado, colgada de los sentimientos de cuantos estábamos allí y casi seguro de todos cuantos escuchaban el programa.
Parece que fue ayer, cuando su alma de niña se extasiaba ante el verdor de los senderos de la Finca de Osorio y rememoraba por lo bajito el “Camino del algarrobo blanco”… y quiso sentir la hierba fresca bajo sus pies descalzos y sentarse en el prado grande recogiendo las florecillas amarillas que la rodeaban…quiso volver por un instante a su niñez…y estoy seguro que en aquel momento, mirando a sus hijas, lo consiguió…igual porque se vio reflejada en ellas o quizás porque quería transmitirle todo el amor y agradecimiento que hacia ellas sentía y con un larguísimo abrazo sentadas en el verde manto.
Parece que fue ayer, cuando en estas mismas páginas de Infonortedigital se anunciaba la Exposición Fotoliteraria dedicada a sus poemas que acompañaba con fotos de Pedro Martín.
Siempre tuvo la capacidad de ser la más querida y recibir los mejores halagos de cuantos la tratamos, familiares y extraños, algo que ella nunca buscaba pero que recibía sin vanidad alguna. “Si el cielo existe, Celita lo tiene bien ganado” decían sus vecinas…y tenían toda la razón.
Pedro Martín Gómez































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