Sí, soy su esposa desde hace treinta años, y lo detesto. Ahí está, tieso como un junco, con el traje de boda algo ajustado. Lo acicalamos y las arrugas ni se intuyen. Hasta le hemos puesto peluquín y bigote, ¡empaque siempre! Los pellejos del pescuezo cubiertos con la corbata verde, combinada con esos ojos que anhelan color.
Las manos poco trabajadas, pero ¡que destruyeron tanto...!
Penitente en la sombra, hijos y justicia ausentes, plañideras de compromiso y chismorreo. Falleció hace seis meses. Ahora él,vaciado por dentro, adorna el comedor.
Maribel Soria Fuentes




























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