La ruta Bentejuí... en Galicia
El pueblo gallego celebra por estas fechas tan señaladas su tradicional Ruta Bentejuí que recorre las distintas provincias de su comunidad, ataviándose cada caminante con su famoso garrote para salvar los desniveles que presenta la orografía gallega. El incondicional apoyo institucional de la Xunta de Galicia y los Ayuntamientos de los distintos municipios por donde transcurre esta histórica ruta gallega ha permitido que año tras año este camino se consagre como uno de los principales atractivos turísticos de toda Galicia. La aventura de caminar durante días y hacer honor a la tradición les traslada a los senderos que sus antepasados tuvieron que recorrer para huir de los castellanos.
¿Descabellado verdad? Pues es exactamente lo que ocurre en Gran Canaria con el Camino de Santiago y la impostada Ruta Jacobea. Llevamos años viendo cómo desde las distintas instituciones públicas canarias se invierten millones de dinero público en fomentar una tradición inventada en nuestra tierra, ninguneando nuestro rico patrimonio arqueológico e histórico.
El Camino de Santiago nunca existió en Gran Canaria y nunca existirá, por mucho que nuestras autoridades políticas se empeñen en convencernos de lo contrario. Y ya me sabe mal por la cantidad de personas peregrinas que, engañadas por unas instituciones desconocedoras de nuestro rico pasado guanche y su potencial turístico, se atavían con sus botas, gorros, palos de senderismo y conchas marinas para llevar a cabo una promesa realizando un camino que nunca existió en nuestras islas. O sí existió, pero quienes la hacían no eran peregrinos que caminaban bajo promesas sobre los distintos templos, sino pastores y comerciantes que intercambiaban productos del centro o sur de la isla hacia los municipios del norte y viceversa a través de sus largos y variados senderos.
El que tal camino no haya existido nunca en nuestras islas no es es una opinión personal, lo dicen los archivos históricos y las fuentes orales trasmitidas de generación en generación (o más bien no lo dicen). No existen referencias documentales de su presencia, ni de su carácter histórico. No está registrado el término "Camino de Santiago" (o sus variantes) en la toponimia de ninguna de las Islas Canarias y no está presente en la topografía insular, ni en la actualidad ni en la geografía histórica. Y esto se evidencia desde distintos puntos de vista:
En términos geográficos: No existe ningún camino, sendero o vereda en Gran Canaria que se llame así. Lo puede comprobar quien quiera consultando las distintas bases de datos y mapas topográficos de la isla. Por ejemplo, en la Infraestructura de Datos Espaciales de Gran Canaria (idegrancanaria.com)
En términos históricos: No existe ningún hecho histórico de peregrinación de Tunte a Gáldar o documentación de un supuesto peregrinaje antiguo de la cumbre al norte de la isla, conectando los dos templos religiosos con la misma imagen religiosa. Y además es imposible que exista, en términos históricos, por el siguiente motivo: la imagen religiosa de Santiago de Tunte no estaba allí. Su ubicación histórica (desde inicios del siglo XVI) era una ermita (hoy desaparecida) en el Pinar de Santiago (de ahí su nombre), junto a la carretera de acceso a Chira y a los Cercados de Araña. Se encontraba en la actual área recreativa del Morro de Santiago.
En términos culturales: No existe ninguna tradición, ni costumbre, ni creencia, ni memoria en Gran Canaria de peregrinación entre Tunte y Gáldar. Ni nuestros abuelos, abuelas, bisabuelos ni bisabuelas la practicaron, ni nuestros padres ni madres la conocen. Nadie la conoce porque no forma parte de nuestro acervo cultural.
Sin embargo existen otras peregrinaciones que sí forman parte de la cultura popular de cada isla, como por ejemplo el Camino del Pino en Teror o el Camino de La Rama de Agaete en Gran Canaria, la Bajada de los Reyes a través del Camino de la Virgen en el Hierro, o la Bajada de la Virgen en Candelaria y la Bajada de la Virgen del Socorro en Güimar en Tenerife.
Ya parece fea costumbre por parte de nuestros dirigentes políticos esa insoportable necesidad que tienen de imponernos tradiciones foráneas, literalmente inventadas en nuestra tierra, ante lo que parece un claro ejemplo de síndrome de complejo del colonizado. A ninguna otra comunidad autónoma se le ocurriría copiar la fiesta de La Rama de Agaete o la del Charco de La Aldea. No se les ocurriría porque no tienen ese complejo, porque tienen suficientes tradiciones y costumbres como para sentirse con orgullo de ellas, celebrarlas y reconocerlas como se merecen. Pero en Canarias, este complejo institucional nos sigue impidiendo poner en valor el rico patrimonio cultural, arqueológico e histórico que tenemos.
La realidad es que el Camino de Santiago en Gáldar no fue pensado por puro sentimiento religioso, sino más bien como una opción atractiva hacia el turismo de masas y con un claro objetivo económico. Parece como si nuestro rico y variado patrimonio no les fuera suficiente, les diese vergüenza promocionarlo o les pareciera un asunto baladí. Nuestra historia y pasado aborigen sería una fuente inagotable de atractivo turístico, fascinante y único en el mundo.
No hay más que ver los adoquines del tradicional empedrado de las calles del casco histórico de Gáldar con conchas incrustadas, la cantidad de carteles por todo el pueblo anunciando la Ruta Jacobea, la publicidad en guaguas por toda la isla, e incluso ahora con motivo de las Fiestas Mayores de Gáldar con su escenario y programación embadurnados hasta la saciedad con la temática Jacobea, para darnos cuenta que estamos asistiendo a un hecho inaudito de aculturación, de engaño y de ninguneo sobre nuestra historia, que sin duda pasará factura sobre el imaginario de las nuevas generaciones (y de las no tan nuevas).
Si lo que se pretende es atraer turismo y generar economía en nuestro pueblo, existen multitud de alternativas a la farsa del Camino de Santiago en Canarias que además podrían servir para reforzar y reconocer nuestro pasado. Quiero recordar a las personas que anden despistadas que este pueblo, Agáldar, fue el reino de Canaria, y en él se encuentren los vestigios más importantes de nuestro legado tradicional e histórico, que va más allá de la maravillosa Cueva Pintada. El problema es que eso requiere de conocimiento, de amor a la matria, de empoderamiento como pueblo y de educación en lo nuestro. Y eso, queridos amigos, es precisamente de lo que más adolecemos.
Pero no todas las personas adolecemos de ese conocimiento. Muchas nos hemos curtido entre libros que nos negaron desde la infancia en la escuela, entre barrancos y yacimientos abandonados, entre canciones que no nos ponían ni salían en las radios, entre encuentros de personas que amamos esta apasionante tierra para aprender algunas de esas tradiciones arrancadas y menospreciadas por quienes pretenden desconectarnos de lo que somos para poder manipularnos más fácilmente. Y fuimos conociendo y amando nuestro rico pasado, para que no nos ninguneen ni nos engañen. Porque la educación es la principal arma con la que contamos para construirnos como personas críticas.
Por todo ello y más, seguiremos alzando la voz cuantas veces haga falta para desmontar la farsa del Camino de Santiago en Gran Canaria, para invitar a nuestros representantes políticos a que apuesten por lo nuestro y para que dejen los complejos colonialistas atrás. Tan atrás que por fin seamos un pueblo con conciencia y nos de la risa cuando quieran vendernos un cuento tan fantasioso como la Ruta Bentejuí en Galicia.






























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