Una Rama en El Valle de Agaete que devolvió la vida (fotos y vídeo)

Redacción Martes, 28 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:



Despertar de un mal sueño prolongado en el tiempo, y de repente, con total plenitud, volver a la vida.



sanpedrovalle2022

Y es que la jornada de este 28 de junio en El Valle de Agaete fue una vuelta a la vida, dando rienda suelta al sentimiento contenido durante dos años de pandemia.

Un sentimiento que hizo presencia el lunes por la noche en la despedida de los romeros que volvieron a subir a Tamadaba.

Así lo contaba Calixto de la Banda Guayedra, “ nunca había visto tanta gente en la despedida de los romeros y el ambiente que se creó, de lo bonito que fue, nos puso los pelos de punta”.

Y la noche en Tamadaba fue fría, con lluvia y neblina, pero este mal tiempo no hizo mella en los romeros que disfrutaron de la espera bajo los pinos, ansiosos por la llegada del alba y poder confeccionar los frondosos ramos.

Con las primeras horas del día se regresó al Valle con el corazón feliz, y en la Era se gozó del caldo sanador, que según Suso, este año estaba como nunca de lo bueno que le salió.

Y sonó el volador y la Banda de Agaete comenzó a tocar iniciando el día de danza, con una mañana fresquita que ayudó a reparar el cansancio de la larga noche de vigilia.

Y se bailó con la mirada ilusionada y el cuerpo en puro éxtasis, con lágrimas de alegría y lágrimas del recuerdo de los que se han marchado muy pronto.

Se bailó sin prisas, gozando de cada paso, alargando el tiempo para que la danza no terminara. Se disfrutó del reencuentro con los amigos y familia, con el cariñoso saludo en la calle principal y en los bochinches.

Y una vez más El Valle fue cita obligada para la aldeana Nacha y su familia, o para Rubén que desde Las Palmas volvió a una fiesta querida, y para Encarna que un año más con la amiga culeta Paqui, estuvo más que dispuesta a morir en la batalla festiva.

La hermosa enramada a ritmo lento con el relevo de las bandas Guayedra y Agaete, fue avanzando hasta llegar a la imagen de san Pedro, y depositar a sus pies los ramos con los que se pagan promesas heredadas y nuevas.

Después de muchos años, hay quien regresó al Valle para pedirle al patrón un enorme favor, con la promesa de volver el año próximo si se lo concedía.

Y la enramada siguió su camino, alegre, divertida, hermosa, hasta caer la tarde, en una sentimental danza que fue sobre todo, una vuelta a la vida.

Ya en la noche, el Valle vivió su retreta y el cielo se iluminó con los fuegos artificiales en honor a san Pedro.


Fotos: Marta García Álvarez, María Josefa Monzón García y Jesús Quesada Medina

 


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