Sin esfuerzo no hay felicidad
Nuestro querido sistema educativo público se desangra...Datos tan objetivos como demoledores muestran la triste realidad: el alumnado canario es el primero que abandona las universidades españolas. Si ya de por sí un 33% de los estudiantes españoles no finaliza el grado que inició y un 21% abandona sin terminar estudios universitarios, según la Fundación BBVA, los jóvenes canarios superan el 40 %: un 22,7% en el primer curso, un 10,6% en el segundo y un 5,5% en el tercero.
Ante esta problemática, se me vino el otro día a la cabeza una frase de Aristóteles que venía a decir algo así como: “solamente hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego”. Sí, de la Filosofía, de esa materia que nos resultaba dura, a la vez que entretenida y útil para el desarrollo de nuestro pensamiento crítico y que tanto se cuestiona hoy en día.
Se nos está metiendo de lleno en una guerra contra el conocimiento, la memoria y la cultura en general, sin darnos cuenta de que estamos cayendo en la infelicidad (se produce frustración ante la realidad: nadie puede encontrar el utópico elixir de dicha eterna). Es una batalla en la cual vence la ignorancia, la carencia de espíritu crítico y la ausencia de libertad para no pensar por uno mismo y lograr así que no nos manipulen.
Se transmite al alumnado el éxito permanente y el triunfo en una sociedad cada vez más competitiva...¿Pero se le está enseñando a saber perder, a encajar una derrota o a levantarse después de haberse caído? ¿Dónde quedan los suspensos y la gran moraleja de que “de los errores se aprende”?
En el mundo real hay exámenes o pruebas difíciles que hay que superar, que obligan al estudiante a repasar contenidos, a pensar de forma crítica sobre lo que ha leído y a exponerlo y sintetizarlo de forma abstracta, a la vez que relacionarlo con otros conocimientos en una prueba...
El confinamiento dejó bastante claro que el alumnado no sabe lo que es el esfuerzo para alcanzar objetivos en la vida y que tuvieron que ser las familias quienes trabajaron y tiraron del carro para que sus hijos pasaran de curso...Se ha llegado al punto de una hiperprotección que resta autonomía e iniciativa propia a quienes nos van a pagar nuestras pensiones.
Asistimos atónitos ante la LOMLOE, una ley que iguala, sí; pero por debajo. Una reforma educativa que premia pasando de curso a quien no trabaja, a quien no estudia; una ley que supone un auténtico castigo para el estudiante responsable que trabaja a diario y estudia, aquel que quiere ampliar sus conocimientos y no puede...
Me eduqué en la Pública y mis hijos asistieron a la Pública: no permitamos que genere la mediocridad y la meritocracia que hace años ejercía la Privada. El sistema educativo de Canarias no es un ente abstracto, sino que está conformado por todas y cada una de las personas que conformamos la Comunidad Educativa. Para seguir siendo libres, no permitamos que acaben con la cultura y el conocimiento.
Antonia Espino López (Profesora de enseñanza secundaria)






























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