Todo es mejorable, y los programas electorales, también

Opinion

juanreyesHe observado, en programas electorales, difundidos como es preceptivo por las formaciones políticas en general, algo que me ha resultado ser, cuando menos, curioso, y ello es, que existe un gran vacío a la hora de ser profundos y rigurosos en el momento de decidir los objetivos; ya que los mismos requieren de un ejercicio de concretización y priorización que muchas veces no se está dispuesto a realizar en el seno de las organizaciones en general, entre ellas, las políticas; por ello, pienso, que éstas, debieran concienciarse de que los objetivos que nos planteen, no son cosa cualquiera; son los que van a dirigir las actividades, los procesos y aquellas acciones que vayan a emprender; lo que supone que, una incorrecta fijación lastrará las estrategias que lleven a cabo.

Cuando nos proponemos un objetivo, normalmente nos preocupa más, el cómo lo vamos a hacer, que, el qué vamos a hacer.

Mis años de experiencia en la que fuera mi profesión, me llevan a concluir que gran parte de los fracasos de las estrategias se deben a una incorrecta fijación de objetivos.

Esto se produce, a mi modo de ver, porque, en primer lugar, falla el concepto de objetivo, que es entendido de forma diversa, por según quién lo fije. Así nos encontramos con que los objetivos muchas veces se convierten en lugares comunes, en premisas que podrían firmar cualquiera de las organizaciones que existen en la actualidad. Por ejemplo, “Continuaremos con …” “o seguiremos dando los pasos necesarios para la construcción de …”, esos, para mí; no son objetivos válidos; porque no son específicos, ni medibles; son buenas intenciones, pero no objetivos a perseguir; y, sin embargo, los programas electorales, al menos, los que me he leído, están repletos de ese tipo de supuestos objetivos.

Otro considerable error muy común, a mi parecer, es confundir el objetivo con la estrategia. Así nos encontramos con supuestos objetivos como “Realizaremos campañas de…, para disminuir el …, y …”,. Esto para mí, sería la estrategia, porque dice como se va a hacer, pero nunca un objetivo.

Por lo tanto, lo primero y fundamental, en mi opinión, que debieran plantearse las formaciones políticas, al elaborar sus programas electorales, debiera ser la definición de lo que son los objetivos.

Para mí, no son poca cosa; y los definiría como, los propósitos o logros particulares, específicos, entendibles, compartidos, alcanzables y medibles que se pretenden conseguir en un periodo de tiempo determinado por un conjunto de personas y recursos determinados a los que su consecución debe provocar una motivación.

Y todo ello siempre adaptado a nuestros recursos y asignado a un conjunto de personas que deben encontrar una motivación. Los objetivos no son objetivos si no logramos la motivación de los implicados.

Por último, ni que decir tiene, que yo vinculo la expresión programa electoral, al concepto de contrato entre formaciones políticas y ciudadanos; y me gusta que, los contratos en general y estos en particular sean claros, concisos y precisos; porque de esta manera, se le podría hacer petición de cuentas al político, al final de la legislatura, sobre todo del grado de cumplimiento del compromiso contraído con los ciudadanos; aun cuando la legislación actual recoge la exigencia de cumplimiento de los compromisos electorales, al menos, de los que resultaron elegidos.


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