Esta “otra tertulia” tiene lugar en un rincón de la Hoya de San Juan, Arucas, al socaire de palmeras canarias que miran, ahora, hacia la circunvalación y por donde vendrá la nueva carretera de enlace.
Además de los bancos allí colocados, los tertulianos se han traído los propios porque, en ocasiones, son tantos los participantes y las conversaciones resultan tan entretenidas que aguantar de pie es casi una odisea. Todavía hay lugares que por sí solos son puntos neurálgicos donde la existencia se manifiesta a través de las palabras de los amigos y conocidos. Allí, entre charla y charla, la vida sigue su curso, pero con un valor de cercanía que, afortunadamente, aún no se ha perdido. Y eso es casi un milagro. O dos.
Resulta evidente que los hechos universales van más allá de los sitios: sirven para mantener la agonía y el malestar a raya.
Son las tertulias improvisadas las mejores: la esperanza de compaginar ideas y de ser escuchados.
Juan FERRERA GIL






























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