El paso del tiempo se dibuja cada día en la fachada que se mantiene a duras penas.
Lo que otrora fue una vivienda y un estupendo restaurante, hace años que permanece cerrado. Y precisamente por falta de mantenimiento su techumbre ha ido cayendo cada año, como un golpe atroz en el conjunto de la ciudad. Y ha sonado sin ser escuchado. Ya nadie mira para el lugar. Ya nadie lo fotografía porque ha pasado a mejor vida, donde la invisibilidad ha llegado sin capa protectora de Harry Potter. Lo que en un tiempo fue, hoy ya nadie se acuerda ni reconoce el lugar. Pasa tan desapercibido que si desapareciera totalmente poca gente lo echaría de menos. Y así ocurre siempre. Y seguirá ocurriendo.
Ya se sabe: la inexorabilidad del tiempo, que no solo es una entelequia: es la realidad que nos rodea, donde hay de todo. Como la vida misma.






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220