Miss Misi
Paráfrasis, perífrasis, parálisis, autolisis, lisis. Lisiada de mi autolisis que termina en parálisis que sin paráfrasis no puedo explicar ni si quiera con perífrasis.
Y si, y si…sin mi si y sin mi crisis dejaría de ser miss física, que mantiene su cuerpo rígido con miedo de los años fríos que trastornan la psique por su pesadumbre y letanía.
“Misi, misi” le canto a un gato envuelto entre livianas sábanas. “Misi, misi”, lo acuno entre mis faldas. “Misi, misi” me mira y se le dibuja una pequeña sonrisa maquiavélica en su pequeño hocico de su perfecta cara. “Misi, misi” no acude a mi llamada, se levanta, lima sus pezuñas y no viendo en el otro nada, se sacude y acude a saciar su panza. “Misi, misi”, me quedo atontada, que ni el gato que vive en mi casa, hace caso de mis payasadas.
Seguramente que desde su puesto de mascota bien cuidada, me tratará de absurda y de descabezada: “ahí va esa humana que despilfarra su tiempo en mamarrachadas, siempre tan preocupada, será borrica y atolondrada, deseando que su vida cambie sin hacer nada”. “Ahí va esa humana, cubriéndose de los miedos en su urna acristalada, no asomando sus ideas al mundo por miedo a ser aplastada”.
“Ay, pobre humana, que perdida en sus perífrasis se encuentra petrificada”.
Raquel Hernández Sánchez




























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