Día de los finados
Lejos quedan ya los maravillosos recuerdos de aquellas tardes de los Finaos, en las que nos reuníamos las familias para partir almendras, nueces y comer higos pasados y támaras.
Así recordábamos a nuestros difuntos; llenos de vida, alegres, con sonrisa ancha y sincera y mirada de paz eterna.
Pero ahora no. Ahora hemos adoptado costumbres de otros lugares, donde los finados se representan como seres amorfos, taciturnos y con sus rostros terroríficamente desfigurados.
Digo yo que igual podíamos haber adoptado los hábitos de otras latitudes donde el día de los difuntos se celebra con verbenas, fiestas y hasta fuegos artificiales. Sería más divertido, sin duda.
De todas formas, y teniendo en cuenta que los niños son sagrados y no tienen nada de culpa de la sinrazón de los mayores, tendré, detrás de mi puerta, almendras, nueces, higos pasados y hasta envoltorios de gofio y azúcar, por si me toca lo de truco o trato.
¡Ah!, y un jarro de agua de la talla, por si alguien se me “añurga”.






























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