Hace exactamente un año, la Sala Sábor del Ayuntamiento de Gáldar acogía una exposición fotoliteraria con fotos de Pedro Martín Gómez y poemas de Celia María Hernández Padrón.
Pedro, hablaba de ella en Radio Gáldar y en la propia exposición, en estos términos:
“A doña Celia Mª Hernández Padrón, la conocimos con su poemario Caricias de Viento, allá por el año 2002, como la Poetisa del Sacho, aquella mujer impregnada de una exquisita sensibilidad que ama todo cuanto la rodea y lo plasma en sencillas poesías que te hacen vivirla e imaginarla. Nace en Roseta, se traslada luego a San Sebastián y una vez casada a La Montaña, tres barrios galdenses a los que ama y canta continuamente…” Mi Roseta”, “Camino del algarrobo blanco”, “Paisaje desde Ajódar”, convive con el medio natural y rural de antaño y lo transforma en su amigo y confidente:” Berol, compañero de mi niñez…”
Nada escapa a su mirada curiosa: la flor, la mariposa, la gota de rocío, el canto del grillo, el agua que pasa con viajeros ocasionales:” He mirado la lluvia gota a gota caer, y correr por la calle como un alegre tren; llevando en sus vagones viajeros de papel…”
Y el amor: “Tu vida y mi vida en la misma senda, senda de amor…”
Afronta en su poesía el trabajo diario como una labor a realizar con esmero y alegría junto a sus compañeras, con sudores y espaldas dobladas en el cultivo de los tomateros: “luego, cuando terminamos, miramos hacia el cantero y decimos muy bajito: ¡está bonito el tomatero!”
Todo con un lenguaje sencillo que brota del alma, desnudo de retórica y palabras rebuscadas, puro, hecho tan sólo para ser guardado y releído por su autora cuando el alma, necesitada de sosiego, busca refugio en sí misma.
Hoy, a sus ochenta años, puede no recordar el nombre de sus seres más queridos, pero es capaz de recordar todos sus poemas y recitarlos con la queda voz de la emoción y el orgullo de haberlos parido:” Tú si sabes, mi niña, tú si sabes lo que digo, pues las dos jugamos juntas, yo en el recuerdo, tú en vivo”.
Hoy, día 16 de octubre de 2021, con el sol del amanecer y los cirros que tanto amaba dibujando el cielo, nos dejó, curiosamente, en el día que la luna le hubiese mostrado, como hacía cada mes, su Asa dorada, por la que tanta curiosidad sentía.
Sobre este último momento hablaba en su poema “Plácida travesía”:
A veces se nos acerca un Ángel y no queremos sentirlo y otras nos acompaña una persona faro y no sabemos seguirlo.
Doña Celia era las dos cosas, ángel y faro. D.E.P.
Pedro Martín Gómez






























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