31 lemas para un diccionario sadalónico de literatura y libros [2/3]
Incompletitud. Cualidad inherente a todo lo que se escribe y que viene a determinar que todo texto es necesariamente incompleto, aunque dé la impresión de que está acabado. Toda obra es susceptible de ser continuada indefinidamente y toda obra, vista con la debida perspectiva, no comienza por el principio, sino por un precedente que el narrador conoce y el lector intuye. El concepto de incompletitud aquí esbozado contribuyó a formalizar la noción de “soltada”. En volúmenes no escritos sobre teoría literaria y composición de textos se pueden leer estas otras definiciones del vocablo:
A. «Todo queda a medias. Los libros acabados tienen un camino previo y posterior, páginas antes y después de. Las historias son incompletas porque las vidas no son completas. Toda existencia es un fragmento del gran jarrón de la Humanidad; por eso, todas las lecturas siempre están inacabadas. Solo leemos trozos, piezas; y dentro de estas, más piezas».
B. «Nada a medias porque no nada hay completo. Lo completo es precisamente lo que percibimos como “a medias”, por muy amplio y bien articulado que se muestre, por mucha sensación de cierre que presente. Siempre queda por hacer. La aspiración intelectual ha de ser reivindicar lo que falta en el puzle invisible y encajarlo en ese todo lo que está y que no se ve, aunque se intuye; que no es percibido, pero existe. Son los puntos suspensivos previos al fragmento y los que siguen. Ahora palabras que se leen; luego silencio (voces escondidas); de nuevo las legibles y otra vez las invisibles…».
C. «Cualquier comienzo desde el principio de los tiempos no ha dejado de ser una continuidad de. ¿Es relevante saber cuándo comenzó qué? ¿Importa remontarnos a un inicio que, dada su lejanía, no puede ser otra cosa que un texto literario, o sea, una composición deudora a su vez de un comienzo real anterior, que se conjetura, pero que no es posible demostrar? ¿Merece la pena concebir un final cuando se acepta que, milenios después de haber desaparecido de la memoria colectiva, el nombre que nos singularizó seguirá prolongando su estela sobre ese qué? Nada más incompleto, en el fondo, que el mismo infinito».
Ingratitud. Según el DRAE, ‘Desagradecimiento [no corresponder debidamente al bien concedido], olvido [descuido de algo que se debía tener presente] o desprecio [desestimación, falta de aprecio, desaire, desdén] de los beneficios recibidos’. Es una actitud propia de escritores y, sobre todo, de juntaletras que están convencidos de que son mejores que la mayoría de sus homólogos y que no recogen todas las loas y éxitos que creen merecer, por un lado, porque maquinan contra ellos otros colegas; por el otro, porque quienes pueden situarlos donde es consideran que es justo que estén (editores, instituciones, prensa) no son más que un conjunto de aprovechados y/o unos ignorantes. [Compleméntese esta entrada con lo apuntado en el lema “Gratitud”].
Juntaletras. Individuos que, por desgracia, se creen que hacen piezas literarias dignas de alabanza y difusión, y desconocen —no sabe el lector hasta qué punto— que sus obras no son más que severos castigos al idioma y a su más bella representación: los textos poéticos. Toda actitud de engreimiento, inaccesibilidad, narcisismo o de personalidad despreciable que muestren poco ha de importarnos porque esos seres humanos, como entes intelectuales, no merecen la más mínima de nuestras atenciones.
Lápiz de lectura. Objeto de escritura que debe tener consigo todo lector que se precie cuando esté ante obras maestras. Es imprescindible que siempre subraye, haga anotaciones, fije marcas y símbolos… Los grandes títulos no pueden recibirse sin dejar constancia de su recepción en el instante mismo en el que se produce.
Mediación editorial. Actividad realizada por alguien ajeno a una editorial y que abarca todos los procesos que se llevan a cabo desde que llega a su poder el original de un autor o autora hasta que, transformado en una pieza de lectura, se entrega a la empresa editora para su publicación. Su función es la de hacer de puente entre quien crea el producto y la persona responsable del negocio que se encarga de dar el visto bueno para que se imprima. Algunas de las labores que le corresponden son: 1) el análisis de la calidad lingüística y/o literaria del original; 2) la disposición de los elementos textuales de manera que la experiencia lectora sea sumamente provechosa; 3) el planteamiento de propuestas creativas y mercantiles sobre la edición que contribuyan a favorecer su condición de producto cultural y comercial; 4) la atención a todo cuanto tenga que ver con el diseño del cuerpo textual, así como de la cubierta, etc. Frente al trabajo especializado que desarrollan los componentes de las diferentes unidades de una editorial, el quehacer de un mediador es individual. Su labor se desenvuelve entre dos aceptaciones: la primera, la del autor cuando le entrega su original; la segunda, la del encargado de la empresa que acepta cuanto este le da para su inminente impresión.
Mercachifles. Autores de libros que abordan soluciones a temas atractivos que, por razones nada difíciles de conjeturar, son ajenas a ellos. Que escriban sobre cómo hacerte rico, cómo ser feliz o cómo triunfar en… quienes no son acaudalados, no dan muestras de felicidad o no son unos vencedores en aquello sobre lo que parecen dictar cátedra es propio de mercachifles. [Compleméntese esta entrada con lo apuntado en el lema “Papel higiénico”].
Papel higiénico. Publicaciones infumables para todos los agentes que participan en su elaboración (autores, editores e impresores) cuando están en sus cabales y saben de los males que atesora el producto que han puesto en circulación, y para los lectores con un mínimo bagaje de lecturas dignas de consideración. Las razones que justifican la aparición de títulos que provocan alipori son dos: por un lado, la ignorancia; por el otro, el dinero. ¿Qué pueden engendrar y parir un autor y un editor que carezcan de aptitudes literarias y librescas sino estos cuadriláteros de celulosa? Sobre los motivos comerciales, poco es lo que cabe señalar: si es una solución para traer un plato de comida a casa, pues nada, habrá que resignarse. Hay que sobrevivir. Pero si se lleva a cabo para otros fines (ego desmedido, inflada de currículos, etc.), pues… nada también. Más allá del desprecio y/o deseos de mofa que nos provoque, ¿qué otra cosa podemos hacer?
Victoriano Santana Sanjurjo






























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