Lucha Canaria, deporte marginal
“Ningún pueblo es conquistado hasta que no se destruye a sí mismo por dentro”, dijo Oscar Wilde.
Es eso exactamente lo que nos pasa con nuestro deporte, no ya por sus dirigentes, que con su desunión y diferencias hacen temblar su débil estructura, sino por nosotros mismos, herederos universales de uno de los deportes de contacto más hermosos que existen en el planeta. Por nuestro desprecio absoluto a todo lo que suene a luchador, sinónimo siempre de gordo, bruto y maleducado, como si para ser delgado, guapo y educado tuvieras que ser futbolista o algo así, de manera que lo que no consiguiera el tal Juan Rejón, o quizás un tipo llamado Pedro de Vera, ni tan siquiera sus sucesores a través de lo siglos, lo estamos haciendo nosotros con nuestra actitud. Destruyendo por completo nuestro legado y convirtiéndolo en deporte marginal.
Una pena, una inmensa pena.
Miguel Rodríguez Romero






























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