Quiero romper una lanza
Quiero romper una lanza por ti. Quiero romperla, muchacho negro africano, porque has sido elegido por tu familia, por ser el más fuerte, para, después de endeudarse hasta las cejas, ver cómo te vas en busca de la tierra prometida, dejando detrás sólo dolor, dolor insoportable que los mayores esconden por las esquinas y los pequeños lloran con lágrimas que tienen el mismo sabor salado que las mías, y emprendes tu camino, andando durante días y días y más días, soportando las crueldades que ningún ser humano debería conocer, hasta llegar al mar, un monstruo de agua que jamás has visto, y, después de pagar al tipejo de turno un importe tan alto que seguro que por menos viajarías en clase bisnes, te subes en una barca, más bien diría cuatro tablas clavadas con tachas ferrugientas, para adentrarte en el monstruo de agua con la duda de no saber si sí, o si no, e intentar llegar a la ansiada tierra prometida.
Por eso quiero romper una lanza por ti, muchacho negro africano, aunque, emulando a Forest, te diría que a veces supongo que no hay suficientes lanzas.
Miguel Rodríguez Romero





























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