La imagen que hoy les proponemos es una visión recurrente de este espacio.
La sombra que proyecta la iglesia de Arucas sobre las fachadas cercanas no solo dura un instante sino que, además, en su contraste, la luz adquiere los matices propios del luminoso día que se adentra en la vida de la ciudad. Desde luego, no hablamos de días alisios.
Esta manifestación cotidiana nunca es igual, aunque lo parezca: siempre hay detalles nuevos que la mirada del aficionado fotógrafo desea captar. Por ejemplo, el silencio. Y sucede que cuando no circulan coches ni personas pasan por el lugar, ese pequeño instante viene a resultar casi el silencio perfecto que ennoblece la existencia. Son apenas unos segundos de enorme valor donde la mirada se ilumina con la luz que permite avanzar.
Tal vez por eso las luces sean alegres y las sombras, tristes.
Que no es más que otros tantos reflejos de la vida.





























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