El arte de decir no
Con qué ligereza decimos no en algunas circunstancias. Ese no contundente que agravia y molesta al que lo recibe. Creo que hay formas más diplomáticas de negar sin herir a las personas susceptibles; yo lo aprendí.
Sabemos que hay que decir no, un no categórico, firme, cuando la gravedad de algunos asuntos lo requiere y también para mantener la autoridad. Qué habría pasado si en la educación de los hijos hubiéramos dejado de decirlo en tantas ocasiones.
Pero ahora me voy a referir a ese no que se te atraganta y no sabes como salir airoso, viéndote luego envuelto en una espiral de mentiras.
Ocurrió hace años. Venía de un hospital en Vegueta, después de unas pruebas de rutina, y recalé en una cafetería de Triana para desayunar. Era temprano y no había clientes aún. En la puerta, un señor con una pierna de palo ofrecía, muy insistente, estampitas de santos. Lo miré y no le dije nada. No le di ni los buenos días. No sé por
qué.
Entonces él, dirigiéndose a la empleada, dijo: “Pamí que es múa”.
Ya en el mostrador (había un mostrador como si fuera una tienda), la empleada, a grito pelado y gesticulando, me preguntó en tono protector qué es lo que quería tomar.
Sin pensarlo, por señas, pedí un café con leche y un donuts, mientras el hombre de las estampitas no me quitaba ojo. Pagué mi consumición, que la empleada separó del dinero que puse sobre el mostrador (seguía “múa”, no podía retractarme), y, al salir, el hombre de la pata de palo me puso una estampita en la mano.
Yo quise darle dinero pero él me dijo a gritos que era un regalo para que la Virgen me ayudara en mi deficiencia. Yo, avergonzada, la cogí dándole las gracias con una inclinación de cabeza y seguí mi camino ligerita.
Ese día recibí dos lecciones: Una: puedes decir que no con una sonrisa que no molesta a nadie. Otra: que la generosidad de las personas simples y honestas no merecen agravios.
Siempre tengo en mi cartera la estampita. Es de la Virgen del Pino, que me recuerda aquel mal rato con una sonrisa, pues desde ese día empecé a poner en práctica el arte de decir no cuando lo considero oportuno, sin mortificarme. Por ahora no veo que nadie se moleste por mi negativa y si se molesta es asunto suyo.
Texto e ilustración Juana Moreno Molina






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152