Dice R.W. Emerson: “mientras leo y escribo no estoy solo, aunque no haya nadie conmigo”.
Cuando estoy ensimismado, y atrapado felizmente, en el libro que mis manos sostienen, lo que sucede a mi alrededor desaparece y, al estar dentro de la historia que tengo delante, ni siquiera soy consciente del tiempo, que también se transforma como si atravesara un túnel que me llevara en volandas por el espacio que se establece entre las líneas del libro. Solo es interrumpido ese momento mágico por la enésima llamada que me ofrece una nueva cobertura de electricidad o, en cambio, desea venderme una suscripción o comprar un colchón maravilloso para el descanso.
Cuando vuelvo a la historia, recupero a mis nuevas amistades y sus peripecias vuelven a ser las mías. Efectivamente así es: “cuando leo y escribo no estoy solo”. Aquí, frente a la pantalla en blanco, tecleo palabras y palabras que buscan expresar un momento determinado.
Y creo que, a veces, modestamente, lo consigo.





























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