La ventana que da al parque (bueno, las tres ventanas de la casa dan al parque) me los devolvió una tarde de abril en la que una Primavera callada, inconstante y burlona, dibujó sus siluetas en el recuerdo.
De repente, la ventana me regaló
sus miradas, sus sonrisas,
y la vida volvió a crecer
con los infantiles ojos
desaparecida tiempo ha.
Ahora, con el lento doblar de la campana cercana, su monótono sonido golpea una y otra vez los instantes que no volverán.
Ni me invade la tristeza
ni el dolor se asienta
en cada esquina.
Estoy alegre porque la ventana
me ha devuelto una vida vivida
y que aún hoy aguanta el embate
del tiempo, convertido en una escalera
cada vez más empinada, pero que aún
tenemos la suerte y la fuerza de recorrer.
Hoy los he vuelto a ver…
¡¡asomados!!
Este misterio del recuerdo,
de la memoria escondida,
sigue latiendo en mi alma.
Es un orgullo
ser hijo de.
Porque ellos no se han ido del todo.
Ahí siguen:
paseando y
ausentándose por épocas
y regresando siempre
¡¡a la ventana que da al parque!!
Juan FERRERA GIL
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