Sin trampa ni cartón
-No nos lo podemos creer. Eso tiene truco –me dijeron.
-¿Qué dicen? ¿Qué truco ni qué ocho cuartos? ¡Pues vaya una opinión que tienen ustedes de mí! ¿Por qué no vienen para acá y lo ven con sus propios ojos.
Un grupo de amigos y amigas de nacionalidad francesa, que me acusaban de que las fotos del Teide que yo les enviaba estaban trucadas, aceptaron mi sugerencia y vinieron por aquí de vacaciones hace un par de veranos.
Por supuesto que se disculparon después de comprobar que yo no les había engañado, que en mis fotos no había trampa ni cartón.
Estaban alucinando con los atardeceres, sobre todo cuando el sol se esconde tras el Teide, …
…y fue a esa hora fantasma, que ni es de día ni es de noche, todos sentados en el Paso del Sargo, escuchando el rumor de las olas, cuando, de repente, vimos surgir del agua a un pescador joven con un pulpo de tres kilos, o más, pegado a su pecho. Los rejos le envolvían el cuerpo, algunos culebreando alrededor de su cuello, y él se los fue despegando uno a uno con una rapidez asombrosa.
Después, ante las miradas de estupor de mis acompañantes, le dio una soberana paliza contra los riscos al pobre octópodo, y terminó volviéndole la cabeza al revés.
Y como resulta que el pescador es un buen amigo mío, terminamos comiendo pulpo a la gallega con papas sancochadas, regado con un vino blanco de Tirajana, seco y bien frío.
Luego, en la sobremesa, tuvimos una sesión audiovisual en la que proyectamos fotos y videos de las puestas de sol, con el Teide como protagonista.
Texto e imágenes: Quico Espino

































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