Después de los comicios
Los resultados de las recientes autonómicas en Madrid, por lo abultado de la diferencia, ha generado sorpresa entre algunas personas. Eso sí, a pesar de lo escuchado en días previos, nadie ha vuelto a dudar del voto por correo. Ventajas por haber ganado quienes lo ponían en entredicho. De todos modos, diera o no que hablar el voto por correo, las diferencias se pusieron de manifiesto en las tertulias y conciliábulos posteriores. En estas circunstancias, como quiera que todo lo dejamos a expensas de las encuestas, se vuelven a producir los desencantos de quienes aguardaban resultados bien distintos y alegrías en quienes recibieron los parabienes de las urnas. Todo dentro de los parámetros de normalidad de este tipo de procedimientos.
Que la notable diferencia obtenida por la ganadora resultó algo sorprendente, es algo que ella misma manifestó entre quienes militan en su partido. Admitió, los medios se hicieron eco de ello, haber alcanzado la victoria con un «voto prestado». Supongo, que con tal expresión se refería a voto de otras formaciones políticas. Porque, digan lo que digan, el voto si realmente perteneciese a alguien sería a la persona que lo deposita en la urna. No me refiero al hecho material de la papeleta —introducida en el sobre correspondiente— sino a la voluntad expresada mediante aquella de otorgar su confianza a un partido concreto. Porque se diga lo que se diga, independientemente de quien encabece la candidatura, estas son cerradas y van dirigidas a los partidos. Vamos, que no son listados modificables, de modo que quien emita su voto pueda optar por determinados nombres de la lista, omitiendo su confianza a otros. En absoluto, se deposita la confianza a la totalidad. O mejor, a las siglas que les respalda. Tal circunstancia, por si aún no lo tuviésemos claro, le otorga un enorme poder a las organizaciones y, más concretamente, a quienes elaboran dicho listado y establecen el orden del mismo.
En esta ocasión, nada descubrimos con ello, las listas iban encabezadas por personas, que a lo largo de la precampaña y la propia campaña, tuvieron más o menos notoriedad y acierto sobre quienes el día cuatro, a lo largo de la jornada, fueron a depositar el voto en las urnas. Notable participación, como se pudo comprobar, que puso en entredicho la atribución de la misma a una mejora de la izquierda, por atribuirse a quienes le votan tal incremento. Como quedó demostrado, no resultó tal. Con lo que viene a poner en evidencia, sin ambages, la escasa fiabilidad de tales teorías. Tristemente, en mi opinión, pues de opinar se trata con este tipo de reflexiones. La afluencia masiva no resultó ser, por lo tanto, lo que en principio se pensaba. Antes al contrario, surtió el efecto opuesto. Bien es cierto, por los análisis ulteriores, que la ganadora obtuvo el apoyo mayoritario de zonas donde las organizaciones de izquierda resultaban ganadoras en pasados comicios.
Que la campaña llevada a cabo por las organizaciones políticas tuvo su influjo, resulta notable. Las campañas, si las recordamos, resultaron bastante diferentes. Incluso, se podría decir, una misma formación tuvo giros contradictorios a lo largo de la misma. Recordemos, a modo de ejemplo, cómo el candidato socialista cambió su opinión antes y durante. Me refiero a la política de pactos posteriores, por lo que se le preguntó en todas y cada una de las situaciones en que hubo oportunidad. De una inicial precampaña en la que abominaba del candidato de UP, hasta el momento del debate en que mostró su predisposición a un hipotético pacto poselectoral. Al menos eso se vislumbró en la apelación al tiempo que restaba para ganar las elecciones. De ese titubeo y, a decir de quienes conocen la situación, de las erróneas influencias de elementos exógenos al procedimiento en cuestión (léase Moncloa). Ambas causas tuvieron como efecto inmediato la notable pérdida de apoyos. Eso y su escasa presencia durante los dos años que duró la legislatura. Tanto que le superó Más Madrid.
Se esté o no de acuerdo, quien quedó en segundo lugar, tuvo una actuación durante la campaña que supuso la continuidad de los años de oposición durante el tiempo que duró la legislatura. Me refiero, está claro, a la candidata de Más Madrid. Dicha campaña, junto a ese buen hacer durante la legislatura, le vino bien a la hora de incrementar los apoyos. Apoyos, como se reflejó anteriormente, que le sirvieron para superar a quienes en el 2019 habían ganado las elecciones autonómicas a la comunidad. No solo a ellos, sino también al partido del que surgieron mediante escisión. Del que habrá que admitir, tampoco salió malparado de los comicios, a pesar de la dimisión de su líder y candidato.
Del resultado de UP, no el que en principio buscaban, tampoco hay mucho comentario que hacer. Incrementaron su representación, y no solo, pues lograron formar parte de la Asamblea de Madrid, dado que las encuestas los dejaban fuera. Es cierto, hubo un revulsivo notable con la presencia de su candidato, en principio no contemplado. Sobre todo por las encuestas que les dejaban sin representación. Quizá, o no, su presencia supuso un revulsivo inicial para quienes participaban de los comicios encabezando las distintas candidaturas. Ni que decir tiene, que el comportamiento del candidato también propicia tales respuestas. Sea como fuere, los resultados están ahí y las consecuencias no se hicieron esperar. Desde esa misma noche optó por abandonar cualquier relación con la política activa.
En lo que a la extrema derecha se refiere, una vez más habrá que decir que no defraudan. Habrá que reconocerles el éxito, ya sabrá quienes le confieren la confianza qué se juegan con ello. Su campaña, iniciada en la previa saltándose el cordón policial que mediaba entre ellos y sus detractores, continuó por los mismos derroteros. Con la poca fortuna, como se comprobó durante el desarrollo de aquella, que comenzaron a volverse inoperantes de cara a broncas siguientes. La gente aprendió y fue consciente: el mejor desprecio es el no aprecio. Así procedieron y ya poco se supo de ellos. Los votos cosechados, fruto de ese electorado descontento y desconocedor. Sí, sé que no resulta políticamente correcto, pero no encuentro otra explicación para su incremento de escaños. Cosas de la política. Veremos en un futuro qué irá sucediendo.
Quienes, en un principio crecidos, acabaron perdiendo su presencia no han dado aún una explicación plausible a su debacle, aunque es de suponer por el abandono —casi masivo— de quienes anteriormente formaban parte de tal formación política. Todavía, para quienes tengan la paciencia de escucharla, su presidenta nos recuerda que la política económica del gobierno madrileño era responsabilidad suya. A su grupo y representante se refiere. El mismo que acaba de abandonar la actividad política. Sin embargo, quien supo nadar y guardar la ropa, a pesar de acabar hecho unos zorros recibió los parabienes de la presidenta. En el plano interno, lo ascendió. No solo, sino que a pesar de no salir electo, continúa con su actividad en el Congreso. No abandonó su acta de diputado, quizá consciente de su futuro inmediato en los comicios.
En resumidas cuentas, que tuvimos unas elecciones divertidas. Procedimiento que mejoró la posición de quien obtuvo un número de apoyos bastante superior al pensado en principio. Resultado que, en definitiva, ha dado alas a quien se veía en apuros políticos. Me refiero al líder de los populares, que anda fardando de éxito y, cómo no, quiere hacernos creer que los resultados son extrapolables. Vamos, que se ve a las puertas de la Moncloa; aunque de momento, se tenga que conformar con ir de visita. Esperemos, por el bien de nuestra salud mental, que los catalanes resuelvan definitivamente su papeleta, sin que tengamos de ser testigos de unos nuevos comicios, que no está el horno para tanto bollo.






























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